Re-incidente

Futbol, ilusión de la nación

Es el caso de la Virgen de Guadalupe que no pertenece sólo al campo religioso, sino al arte, migración, comercio, etcétera, y el de la selección nacional que lo que enuncia va más allá del universo deportivo, ya que es capaz de identificar momentáneamente en un partido de futbol a diversos sectores sociales.

La selección nacional desdibuja simbólica y rápidamente las diferencias de clase, las desigualdades sociales y culturales de un país que se debate por alcanzar la modernidad deseada y que posibilita la construcción de una comunidad imaginada que entona al unísono tanto el himno nacional como el himno emocional (el “Cielito lindo”). Se construye un “nosotros” por la fuerza del cántico de guerra deportivo.

Imaginariamente en la selección nacional se deposita la ilusión de una nación representada como homogénea, unificada, mexicana, que “sí puede” rivalizar cara a cara con cualquier potencia económica y futbolera y con ello posibilitar la construcción colectiva de una ilusión: ganar el mundial.

La selección mexicana es un símbolo que edifica una meta-identidad nacional frente a los “otros” nacionales (principalmente en las competencias internacionales) a través del juego que práctica: el futbol. La selección es un símbolo que irrumpe fervorosa y transitoriamente ante el desgaste de los símbolos e instituciones nacionales; frente a ellos trabaja como dispositivo de integración nacional; quizá solamente la religión logra un actuar semejante, de ahí la fuerza cultural del fútbol.

La selección nacional es una forma agregativa que reúne regionalismos futbolísticos, identidades locales, ya que se conforma incorporando jugadores de distintos equipos del país, pero que simultáneamente los prescribe al enunciarse como nacional y así transitar como la expresión de todos ellos.

No hay conflicto de identidades, cabe señalar que la selección mexicana es también una empresa globalizada donde las selecciones y los jugadores se ponen la camiseta de las marcas comerciales patrocinadoras y televisoras transmisoras del espectáculo y dueñas de equipos de futbol, conforman otro tipo de identidades culturales, aquí mediadas por el interés económico.

Es con la camiseta nacional donde emocional y patrióticamente se condensa y contienden las identidades.

Simbólicamente la camiseta suple la bandera nacional porque abrevia los colores patrios, que junto con el canto del himno nacional al inicio de cada partido “que nos llena de orgullo escuchar estas notas” y la bandera nacional serpenteando construyen un momento memorable, experimentado colectivamente y emocionalmente patriótico.

En torno a la camiseta como signo nacional se asocian otros signos que enunciados fuera del país emergen como nacionales, construidos desde los más diversos campos culturales. Así observamos en los estadios, calles, bares, etc. signos como sombreros de charro, rostros pintados con los colores nacionales, aficionados ataviados como personajes de lucha libre o de Chapulín Colorado, etc. universo significo que construye una alteridad, la meta identidad nacional.

La identidad imaginada levantada en los encuentros internacionales permite deletrear una contradicción social real que esos signos tratan de ocultar. Por ejemplo, cuando ese aficionado con recursos económicos altos, ya que puede pagar el viaje a Brasil y comprar un boleto para ver el encuentro México-Brasil, se atavía de héroe indígena mexica –Cuauhtémoc-, incorpora simbólicamente a los indios muertos en un “nosotros” nacional y excluye realmente a los indios vivos que también son nación, contemporáneos suyos.

Ya lo decíamos, en la camiseta se exhibe la adscripción al capital global, ya que en ellas se muestra el patrocinio de marcas globales. Capitalismo y nacionalismo se complementan.

Ya y por los discursos de las televisoras el encuentro México-Brasil es histórico porque se observó “un equipo con personalidad”, porque fue un encuentro que “huele a México, sabe a nuestro país, a nuestra nación”; porque aunque nadie ganó, México triunfó.

Emergió un nuevo héroe cultural –Memo Ochoa- que salvó nuestro honor como lo hizo Zaragoza ante los franceses invasores del siglo XIX.

El fútbol reconfigura la identidad nacional, el fútbol como práctica sociocultural participan en su variación.

El fútbol es un medio para asignar determinados valores de una identidad y sociedad. El fútbol no es solamente un negocio millonario, es deporte, juego, espectáculo, ritual y expresión de una meta identidad, factor de identificación colectiva, funcional en una sociedad de desigualdad social.

Con el futbol se imagina una nación.

Ernesto Licona Valencia