Re-incidente

Formación de talento

Claro está, al ponderar esta proporción con las cifras de población reunidas por cada grupo, el panorama es distinto. También es de destacar que el resto de países de Asia, África y América Latina representan apenas un arañazo de menos del 1% para cada una de estas áreas del mundo por lo que quedan fuera de la ponderación.

¿Por qué es importante resaltar esta tendencia asociada a lo que en los años setenta era una preocupación generalizada? A saber: el problema de la voluntad de industrializarse y del desarrollo visto pura y llanamente desde el punto de vista económico. Simplemente, porque los niveles de productividad y competitividad de las economías del mundo dependen en gran medida del grado de innovación generado por el talento que sea formado por sus instituciones educativas.

Aún en países como Alemania, donde su industria por sí sola es responsable del 70% de la inversión en investigación, los cuadros de alto nivel son formados primero en sus universidades y red de institutos de investigación como los prestigiosos “Max Planck”. Holanda y Francia son países donde también la industria dedica una buena parte de sus inversiones a la investigación, aunque sin alcanzar el respetable nivel del sector privado alemán.

Desde esta perspectiva, en lo que respecta a nuestro país, sería necesario identificar primero los sectores que se van a impulsar para volver más innovadora la economía mexicana en los próximos 20 años, como pre-condición para revisar si las instituciones educativas están formando los recursos humanos necesarios para atender esa demanda profesional.

En marzo del 2002, el Consejo de Barcelona estableció el objetivo de aumentar la inversión en investigación y desarrollo tecnológico, así como superar lo que consideran “el retraso de Europa” ante sus principales competidores. Evidentemente, a pesar de su gran capacidad innovadora y la cantidad de patentes que los países de la Unión Europea producen cada año, no se duermen en sus laureles, ni aceptan verse rebasados.

Como meta se propusieron subir la inversión de manera que pasara de 1,9% al 3% del PIB de la Unión Europea entre 2002, año del acuerdo, y 2010. Es significativo observar que la parte financiada por las empresas se estableció en dos tercios del total.

La situación actual muestra que la diferencia entre la Unión Europea y los Estados Unidos en lo que concierne a las inversiones en favor de la investigación rebasa los 130 billones de euros anuales y sigue aumentando. Por lo tanto, para llegar en 2010 al objetivo europeo del 3% del PIB, de los cuales dos tercios provendrán del sector privado, el sector público y las empresas debieron aumentar sus gastos en investigación en un 6,5% y 9,5% respectivamente por año.

Esta iniciativa constituye la respuesta política de la Comisión al objetivo del Consejo Europeo de Lisboa de marzo 2000 de hacer de Europa la economía del conocimiento más competitiva y la más dinámica.

Tal respuesta comprende una serie de iniciativas en torno a la política de innovación de las empresas, así como reformas estructurales a los mercados financieros, del empleo y, evidentemente, de productos y servicios. Todos estos planes integrales de desarrollo son lo normal para administraciones públicas conscientes e inteligentes, a diferencia de países como México, donde la improvisación, falta de proyecto de desarrollo a largo plazo y la dependencia ciega y sumisa a disposiciones del exterior -tal vez impotente-, plantea “reformas estructurales” que son solo paliativos, parches, y más bien tienden a favorecer los intereses de unos cuantos, más que beneficiar a los sufridos habitantes de este país. Lo bueno del asunto es que “como México no hay dos”.

El plan de acción comprende cuatro líneas a seguir:

1. Asegurar un proceso de coordinación europeo que busca garantizar que los Estados miembros asimilen la experiencia de los más avanzados, actuando de manera interactiva y coherente.

2. Favorecer el desarrollo de las políticas nacionales y europeas conjuntamente.

3. Crear una visión común del desarrollo y de las tecnologías claves. 4. Concebir una combinación coherente de los instrumentos de políticas públicas. Esto implica netamente aumentar así como reorientar los recursos públicos destinados bajo diversos mecanismos a la investigación e innovación. Considerando el estancamiento económico actual, es fundamental que las políticas presupuestarias favorezcan las inversiones que impulsen un crecimiento futuro más fuerte.

Es inevitable la reflexión sobre la situación de un país como México ante estas previsiones, donde solamente el retraso en infraestructura debido a la falta de previsión y al costo de ésta, propiciada por una clase política tan mediocre como voraz, lo deja muy lejos de contar con un ambiente propicio para el desarrollo de las potencialidades, la creatividad y la capacidad de innovación de su población.

Mariano Torres Bautista