Re-incidente

Fiesta de los 60 años

Aunque en realidad no me acuerdo de ningún cumpleaños de niño en particular, lo cierto es que en tercer año de secundaria te llovían invitaciones con letras doradas: ¡Llegábamos a los 15 años! Diez años después, comenzaron los casamientos.

Luego llegaron los cumpleaños de los hijos, de los amiguitos de los hijos, de los hijos de los amigos.

Después todo se volvió más tranquilo: el de los nietos de 5 a 7 de la tarde y adiós. Hasta que alguien inventó el cumpleaños del número redondo: ¡FESTEJAR LOS 60! ¡Y estuvo genial! ¡Sí, señor!! Es casi, casi la Fiesta de la Nostalgia. De pronto nos invitaron a una, justo cuando hacía mucho tiempo que no teníamos una salida formal. Y como había que ir bien vestiditos, un sastre nos arregló vestidos, ensanchó trajes y pantalones. Llegado el día, fuimos al encuentro de los compañeros de ¡una generación pujante y vital!

Llegamos, saludamos a José, el festejado, y cuando sirvieron desde unos fuentones con mechero los platos calientes que se comían de pie, comenzaron los problemas. -Chicharrón en salsa verde.

-Mole poblano hecho con la receta original. -Camarones al mojo de ajo.

Todo bien servido a 200 comensales que, apretaditos y de pie, sosteníamos un plato caliente con una mano, el tenedor con la otra, el vaso de whisky con otra más, saludábamos a un amigo con una cuarta (como si fuéramos pulpos), y con un leve pero persistente temblequeo de Parkinson en todas las manos a la vez...

El desparrame de salsas fue inevitable. Me mancharon el traje tres veces, una con salsa roja, la otra con aroma a ajillo y otra con una crema espesa pero, al fin, pasamos al salón principal.

La conversación en la mesa se fue poniendo buena. Todas las frases comenzaban con "¿Te acuerdas de?" "¿Tú estabas el día que... ?" "El que no está bien es...", "¿Sabes quién tuvo otro nieto?", "¿Supiste quién se murió?" Cuando alguien trataba de recordar quién fue el que hizo tal o cual cosa en los años 60, aparecían los... "¿Eeeehhhh?", "¿Cómo era?"¿Cómo se llamaba ese güey?" Y las conversaciones fueron más o menos así: ¿Y ustedes ya tienen nietos?, preguntó un invitado moviendo la dentadura postiza.

- Sí, una - le decía la mujer.

- ¿Dos nietas ya?

- No, una sola.

- ¿Dos varones?

- ¡UNA, UNA NIETAAAA!

- ¿Neneta? Qué bonito nombre. Disculpa que no te escuché bien. Están poniendo la música muy alta.

- Acá tengo una foto de mis nietecitas -le dijo mi mujer a otro invitado.

- Ni te molestes -contestó- sin los lentes no veo nada.

La fiesta estaba bien buena, la música pasaba de "All you need is love" a "El Triste" y a "Satisfaction".

De la pista me hacía señas un calvito que ya muy animado por los tragos, la hacía de locomotora para que saliéramos a bailar formando el trenecito. Dos veces me levanté y dos veces me senté porque las dos veces mi mujer me pegó unos buenos pellizcones en salva sea la parte, y me gritó en secreto al oído: -¡Espera a las lentas, porque si bailamos estas se nos descose todo el arreglo de los trajes! ¿Por qué no vas a fumar un cigarro afuera con Carlitos y Oscar?

-Ahí viene el mesero ¿Te pido algo?

- Sí, pídeme un trago largo con Melox plus, y un par de aspirinas batidas con bastante hielo. Estoy que repito todo lo que comí. Ya vengo.

- Mi amor -me dijo mi mujer cuando me paré- llévate el celular por las dudas y llévate también este papel con el número de la mesa anotadito, que después te la pasas buscando por todo el salón.

El baño estaba de lo más concurrido. Flojos de vejiga y prostáticos agrandados nos encontrábamos a cada rato. ¡Eso sí que estaba divertido!

Desde adentro, el tipo del micrófono avisaba que había aparecido una señora llamada Raquelita y no encontraba la mesa y que estaba junto al tipo que ponía la música; que fueran a retirarla de allí.

Fue una fiesta inolvidable. A las 11 nos tomaron la presión a todos y un enfermero atendía sin costo a los que se sofocaban bailando. Héctor, el cardiólogo hacia bajar la presión de los más graves con pastillas sublinguales.

Por suerte no fue necesario utilizar el aparato para electrocardiogramas ni tampoco el DEA (Desfribrilador Externo Automático)....

Para tranquilidad de todos avisaron que una ambulancia hacía guardia en la puerta del salón. Junto con los souvenirs, en un detalle realmente novedoso (José es un detallista), a los que queríamos seguir tomando cerveza nos iban entregando pañales desechables.

¡Formidable invento esto de los cumpleaños de 60! ¡Y que se pongan de moda justo ahora, que todavía estamos hechos unos potros!

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