Re-incidente

Dios es redondo (II)

La actual Copa Mundial del Brasil está siendo vista por cerca de 2 mil 500 millones de personas. La devoción de la gente por el futbol es tan grande que ha sido utilizada por gobiernos autoritarios como pretexto para dirimir sus diferencias.

Fue el caso de la llamada “Guerra del futbol” que desataron los gobernantes militares de Honduras y El Salvador para desviar tensiones sociales internas, a raíz de algunos incidentes ocurridos durante un partido entre las selecciones nacionales de ambos países, en julio de 1969. El conflicto ocasionó más de 4 mil muertos y alrededor de 20 mil heridos durante sus seis días de duración.

Incluso, el arraigo de este deporte ha servido a gobernantes genocidas para limpiar su imagen, como fue el caso de la Copa Mundial de 1978, celebrada en Argentina, mientras ese país vivía el apogeo de la “guerra sucia” con miles de personas desaparecidas y torturadas en cárceles clandestinas.

La Junta Militar Argentina aprovechó al máximo el torneo: los dictadores Jorge Rafael Videla y Emilio Massera condecoraron al presidente de la FIFA, João Havelange en la ceremonia inaugural, y éste, ante más de 80 mil personas y las cámaras y reporteros de todo el orbe, avaló a los golpistas: “por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de Argentina”, declaró.

Al concluir la justa con la victoria del equipo sede, el general Videla no escatimó la oportunidad para fotografiarse con los campeones y sus entrenadores, y declarar triunfalmente. Como protesta, el subcampeón equipo de Holanda se negó a estrechar la mano de los jefes de la dictadura.

Pero, ¿qué es lo que le da tanta vitalidad y fuerza al fútbol? Muchos autores, ‒sociólogos, psicólogos, analistas deportivos, cronistas y novelistas que se han referido a este trascendente fenómeno contemporáneo, señalan como una de las razones que explica la adhesión masiva a este deporte, surgido en Inglaterra apenas a mediados del siglo XIX, el hecho de que ha establecido una identidad con el medio social (hábitat, entorno) de amplios sectores de la población.

En el imaginario social, aseguran, es parte del barrio, la colonia, el pueblo, la fabela o el ghetto, y con ello de las más tempranas vivencias, identidades y valores. Para millones de personas es mucho más que un deporte; es una porción de su vida, de sus recuerdos, emociones, relaciones y esperanzas.

El argentino Jorge Valdano Castellano, uno de los integrantes de la escuadra que triunfó en la Copa del

Mundo de 1986 y que luego de ser entrenador del Real Madrid, con sus Sueños de futbol (1994), Cuentos de futbol (1995), Los Cuadernos de Valdano (1997) y Apuntes del balón (2001), se hizo uno de los autores más acreditados sobre el tema, escribió: Periferia, sacrificio, desesperanza. Barrio y miseria.

Sólo la pelota produce un estímulo placentero que pone en olvido esa vida de mierda. El talento lo expresan jugando al futbol porque el futbol es lo único que les queda, lo único que les hace felices y libres.

Por su lado, la barra perra brava del equipo Diablos Rojos de Toluca, México, años atrás decía a través de sus voceros: “hablar de la afición que tiene nuestro futbol es reconocer los fantásticos espacios de expresión que nacen de una historia ancestral viva... Es hablar también de un público que hace un ritual en forma generosa y que cada vez que llega el encuentro, transforma su existencia en un espacio ilimitado de éxtasis y desahogo de las penurias que lo afligen en su vida cotidiana.

En un mundo que marcha sin sentido, signado por constantes frustraciones, incertidumbres y desesperanzas para muchos, el futbol es un asidero, algo, como dijo Bill Shankly, afamado entrenador del Liverpool FC, “que no es cuestión de vida o muerte, es mucho más que todo eso”. Sin embargo, es el relato de un niño con el que arranca Dios es redondo, el que mejor pinta la trascendencia que para muchos asume del futbol: en el principio Dios iba a la escuela y se ponía a jugar futbol con sus amigos hasta que llegaba la hora de irse a sus salones. Aunque Dios sabe muchas cosas, quiere aprender más y hacer cosas nuevas. Un día Dios dijo: “Hoy trabajé mucho y es hora de ir al recreo.”

Dios y sus amigos se pusieron a jugar futbol y Dios chutó tan duro la pelota que cayó en un rosal y se ponchó. Al explotar la pelota, se creó el universo y todas las cosas que conocemos.

Rogelio Rico Lara