Re-incidente

¿Después de la tormenta?

Campo fértil para debatir, la relación entre artefactos historiográficos, campos pasados y proyectos políticos es tan delicada como espinosa, particularmente por la insistencia dogmática de creer ciegamente en la objetividad como condición sine qua non, que más bien termina por ocultar los mecanismos de enunciación y al sujeto enunciante mismos, aquello que Ricoeur llama "distanciamiento alienante". No obstante, es cierto que fruto de esa relación es la memoria como un ejercicio cognitivo y espacio psíquico, mediante el cual las personas interactúan con su dimensión temporal y fenoménica. Así, actualmente, toda agenda pública debe contener políticas educativas, culturales, y lo que Beatriz Sarlo da en llamar políticas de la memoria.

En el proceso de reconstrucción nacional emprendido tras el derrocamiento de las dictaduras militares pro-yanquis, Latinoamérica ha debido lidiar con la pesada carga de esos regímenes (que va desde sus remanentes culturales hasta las normas invisibles del sistema político), pero sobre todo, rehabilitar a las víctimas: madres de la Plaza de Mayo, familiares de desaparecidos políticos, desplazados por la guerrilla... y con ese fin es que algunos gobiernos han decidido abrir públicamente la herida para llevar "la historia a los tribunales".

Recientemente el FMI reconoció a Bolivia como la economía creciente de la región con mayor sostenibilidad, y Wall Street Journal- Citi Group hicieron lo propio, otorgándole a Medellín el título ostentoso de la ciudad más innovadora del mundo. Aquí queda claro que la estrategia de democracia del ayllu de Evo ha dado frutos notorios, pero ¿cómo ha logrado la ciudad ayer más temida de una Colombia desgarrada por la violencia dar ese giro?

El ecosistema de innovación de Medellín, orientado a cambiar las balas por la tecnología, ha sido estimulado por la Ruta Norte, buscando migrar de una economía industrial a una de servicios (siguiendo afanosamente el modelo norteamericano), fomentando, a través del programa de landing, la instalación de empresas extranjeras.

A ello se suma la ambiciosa meta de ser una smart city, desarrollando estrategias desde la conectividad y la información para solucionar problemáticas educativas, de salud, seguridad, movilidad, medio ambiente, equidad y participación ciudadana.

Aunque, a decir de Giraldo Ramírez, los Acuerdos de Paz de 1990, la desarticulación del Cartel de Medellín tras la muerte de Escobar en 1993, la operación La Comuna 13 en 2002 y la desmovilización del bloque cacique Nutibara, sumados al éxito de la Ruta N, han ido sanando a la sociedad colombiana, no es despreciable en absoluto el papel de las políticas de la memoria y la construcción de una conciencia colectiva para cuidar el patrimonio común, en la rearticulación del tejido social y la construcción de un sentido de pertenencia.

La respuesta, a seis décadas de conflicto armado que han producido masacres civiles, desplazamientos masivos, campos minados, bombardeos, reclutamiento de niños y desapariciones forzadas, y que ha decir de Fernanda Espinosa Moreno, parecen estar llegando a su fin, ha sido una episódica mesa de diálogo continuamente tensa con las FARC, esfuerzos institucionales como la Comisión de Búsqueda de Personas Desparecidas, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación o el Centro del Bicentenario: Memoria, Paz y Reconciliación, una sociedad civil organizada (Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, Fundación País Libre, Asociación Colombiana de Familiares de Miembros de la Fuerza Pública Retenidos y Liberados por los Grupos Guerrilleros), y mecanismos legislativos como la Ley 975 del 2005 para la Justicia y Paz, la Ley 1448/06 del 2011 de las Víctimas y Restitución de Tierras.

El camino ha sido arduo y se antoja aun fatigoso y espinoso, pues la amenaza que representa la sobre-legislación, en términos de inoperatividad y burocratización, se suma a la posibilidad de una politización de la pacificación colombiana. Uno de los mecanismos fundamentales para que la paz social se logre, además de la obligada redistribución de la riqueza con la que se avanzará un paso a la igualdad política, es la propuesta de Andrés Lajous: "La acción política que hoy necesita el país es cotidiana, y esa sí se puede planear y organizar. Con una sociedad organizada, los grandes movimientos sociales, una vez que suceden, no son simples chispazos sino eventos con la capacidad de modificar en el largo plazo la distribución del poder".

Medellín puede ser un horizonte de posibilidad para nuestros hermanos colombianos, y adquiere relevancia el tema en nuestro país porque México vive también desgarrado por el crimen organizado y la narcocultura; sangrado por la corrupción y la impunidad generalizadas.

¿Hasta cuándo vamos a reconocer el fracaso de la guerra contra el narco de Calderón?, ¿cuánto tiempo tenemos que dejar pasar para integrar un archivo de testimonios y poner en marcha políticas de la memoria que contribuyan a sanar a los mexicanos?

Octavio Spíndola