Re-incidente

Cuna del viento musical

En México existe una gran variedad de estilos y géneros musicales. Algunos son exclusivos de ciertas regiones y otros han trascendido abarcando a toda la población en sus diversas esferas sociales. A estos últimos pertenecen las bandas de viento, especie musical de la cual pocos se imaginan que su origen proviene de un legado militar que dejó a su paso la intervención francesa.

De acuerdo con Julio Estrada en su libro La música de México, su presencia en el país data desde mediados del siglo XIX (1864-1867) con la llegada de las bandas militares que acompañaron a Maximiliano durante su corta y fatal aventura en México.

Dichas bandas trajeron consigo instrumentos de metal de pistones como trompetas, bombardas, tubas, etc. que eran tocados por alrededor de 30 o 40 músicos.

El repertorio musical estaba conformado por marchas de carácter meramente militar pero fue en las comunidades donde, al tratar de imitar este tipo de agrupación musical, el repertorio incluyó arreglos y adaptaciones de canciones populares y composiciones de carácter festivo.

Fue así como las bandas de viento comenzaron a transformarse en un elemento obligado de las celebraciones y festividades de los pueblos, siendo la instrumentación principal para amenizar bailes y reuniones.

Las primeras bandas de viento aparecieron en los estados de Oaxaca y de Morelos, seguidos inmediatamente por todos los estados centrales y luego del sur.

Tanto Benito Juárez como Porfirio Díaz impulsaron la creación de bandas similares en su natal Oaxaca, aunque la popularidad de estos ensambles se hizo evidente hasta el siglo XX, después de la Revolución, cuando las autoridades locales formaron bandas dominicales con los músicos militares como entretenimiento en los quioscos centrales.

Es en esta época cuando, en el valle de Teotihuacán, se hizo la repartición de las tierras conformando nuevos municipios y consolidando los ya existentes, y se convocó a asambleas y comités para la reconstrucción y reorganización de las comunidades, donde al lado de distintas iniciativas sociales, se propuso la creación de bandas de viento en cada pueblo.

La música mexicana ha sido objeto de estudio de muchísimos autores, quienes han abordado el tema desde diferentes perspectivas: desde el punto de vista académico, popular, folclórico, histórico y hasta industrial.

Y se han hecho diversos estudios de la música popular a través de la historia. Algunos de ellos tratan del desarrollo de la canción popular sin profundizar en el género musical; otros analizan los aspectos evolutivos de las técnicas de composición y otros más hablan sobre los orígenes de los estilos y géneros musicales.

Son estos últimos aspectos en los que pocos autores han profundizado, resultando que lo que sabemos de los orígenes de los géneros musicales en México ha sido producto de la obra de contados interesados.

En el caso de las bandas de viento, la información sobre su historia está muy limitada ya que son muy pocos los autores que han realizado investigaciones sobre la historia de estas agrupaciones.

Sin embargo, a pesar de que son contados los trabajos, han sido obras muy completas que nos dan la información suficiente y clara que permite entender la raíz y el desarrollo de estos grupos musicales.

Con acierto explica cómo este tipo de agrupaciones se popularizaron tanto que “En cada poblado de los distintos territorios hay cierto tipo de banda o combo de vientos, ya sea tradicionales, particulares o municipales. El tamborazo zacatecano es un ejemplo”.

Tal información resulta crucial para entender el desarrollo musical de cada región del país y es una buena fuente de información para investigadores que han abordado este tema a nivel estatal y regional.

Algunas monografías de los municipios de la región estudiada hacen mención a ciertas agrupaciones que tuvieron un papel destacado durante ciertos periodos.

Se hace mención de algunos nombres, se narran algunas crónicas y se presentan algunas fotografías, pero respecto al origen o a las características musicales no se menciona nada.

Algunos han dejado plasmado en papel su conocimiento y otros simplemente lo prefieren transmitir de boca en boca.

Recientemente, en el municipio de Tlanalapa, en el Estado de Hidalgo, se realizó un trabajo valiosísimo que compila una serie de archivos como manuscritos, fotografías y documentos oficiales que rescatan el pasado musical de la región teniendo como referente a la banda de viento del pueblo.

Se tiene también una crónica detallada con información sobre los inicios de la agrupación, sus integrantes, sus dirigentes, su repertorio y su actividad artística. Este trabajo es el único en su tipo en la región del altiplano.

En el valle de Teotihuacan, en el Estado de México, se han presentado iniciativas para rescatar el pasado cultural de la región, aunque no se han trabajado proyectos como el realizado en Tlanalapa.

Sin embargo, dada su ubicación, la región cuenta con un pasado riquísimo el cual ha sido detonante para que personajes ilustres de la antropología realicen estudios sobre la historia de estos pueblos.

La obra antropológica más importante y más completa dedicada a esta región, sin duda, es La Población del Valle de Teotihuacan de Manuel Gamio, documento que en sus ocho volúmenes nos muestra, de manera vívida, el diario acontecer de las comunidades de la región, desde la época prehispánica hasta la modernidad de principios del siglo XX.

Los volúmenes 4 y 5 tratan sobre la consolidación de los actuales pueblos a finales del siglo XIX y a principios del XX. Se habla en ellos de la forma en cómo quedaron distribuidas las tierras así como también del nombramiento de las autoridades correspondientes.

A la par, mencionan las iniciativas sociales que se propusieron, entre ellas la de crear las bandas de viento que acompañarían los eventos sociales y religiosos. 

Rafael Mendoza