OPINIÓN

El contexto del Instituto Nacional Electoral

Aunque se está en proceso de concretar la organización de los procesos electorales estatales y municipales en manos un Instituto Nacional Electoral, el tema no es reciente, es producto de una serie de tropiezos e irregularidades que cometían los organismos electorales y que siguen cometiendo en las entidades federativas. Cuando don Porfirio Muñoz Ledo al inicio de la administración Fox, presidió la Comisión para la Reforma del Estado, se hizo la propuesta hoy actualizada, y varios gritamos no, bajo la bandera del federalismo, pero las cosas empeoraron y se vuelve necesario empujar la democratización en los Estados y poner frenos a una posible restauración del autoritarismo.

El hecho de que a partir del mes de marzo del presente año de 2013, y previo al inicio del proceso electoral en 14 entidades federativas del país, el PRI llegara a competir con el poder de contar con 21 gobernadores; frente a 6 gobernadores del PAN y 5 del PRD, se mostró en la virulencia y descomposición de las formas particulares de organizar las elecciones. Curiosamente fue el estado de Veracruz quien le puso la pimienta al tema que inclusive impactó negativamente en la imagen del presidente, en el Pacto por México y fue recompuesta la gobernabilidad mexicana a través de la suscripción de una Adenda, por las dirigencias de las principales fuerzas opositoras al PRI: (PAN y PRD). Por cierto, que el tema del adendo, sirvió para cubrir las acciones impulsadas por los organismos estatales electorales actuando como instrumento de los gobernadores, de todos los partidos políticos, según fuera el caso, para favorecer “la gobernabilidad” de cada ejecutivo estatal, evitando desde la organización de las elecciones, al costo que fuera, la recuperación electoral de los partidos perdedores en las elecciones estatales del año 2010.

En todas las entidades federativas el PRUI buscó eliminar el ejercicio coalicionista y de alta competitividad formado principalmente por los partidos políticos: PAN y PRD, con el único interés de frenar cualquier alianza o coalición anti-PRI, Veracruz de nueva cuenta inició la estrategia y le funcionó, pero se hizo lo mismo en Zacatecas, Durango, Coahuila, etc. y hubo casos aleccionadores de una regresión autoritaria en materia electoral que golpeó a la democracia con en los mejores tiempos del sistema de partido hegemónico, con carro completo, y descomposición y pulverización de los partidos opositores al PRI, como lo sucedido en el Estado de Hidalgo. Gracias al andamiaje institucional y al papel responsable que asume el TEPJF, varias coaliciones pudieron mantenerse, pero el PRI dejó una lección antidemocrática, que urge sea sometida la acción a cirugía mayor, y esa es la creación de un organismo nacional que se encargue de organizar las elecciones estatales, ahora que se ha homogeneizado la fecha de las jornadas electorales federales y estatales.

El grito en contra de las tropelías cometidas por los organismos electorales estatales fue el mismo: falta de ciudadanización, intromisión de los gobernadores en los nombramientos; y junto con ello deslegitimación de origen adelantando actuaciones y comportamientos carentes de independencia. Como se mira, la reforma política que impulsan PAN y PRD, no se sitúa en el campo financiero, presupuestal, sino en un asunto profundamente político en el que se debate la democratización en los Estados.