La pactada reelección de Calderón

El primer día de noviembre, el presidente Enrique Peña Nieto asistió a la ceremonia privada con motivo de la celebración del 70 aniversario del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Como parte de la ceremonia fueron entregados sendos reconocimientos a diversos personajes que han egresado de esta institución educativa, la cual es considerada por algunos como el semillero de la alta burocracia federal durante las últimas décadas; entre los galardonados se encontraba, Felipe Calderón, quien recibió la distinción “Carrera al Universo” de manos del propio presidente Peña Nieto por sus “contribuciones al desarrollo político, económico y social de México”.

¿A cuenta de qué se da este reconocimiento a Calderón? Durante su gobierno sumó 16 millones de mexicanos a la condición de pobreza; su incapacidad provocó un aumento del desempleo del 32.7% entre 2006 y 2012 (cifra que se tradujo en 2 millones 137 mil nuevos desempleados durante su sexenio); sumió al país en un enfrentamiento con el crimen organizado que costó las vidas de varios miles de mexicanos (diversas proyecciones elaboradas por medios informativos serios y organizaciones no gubernamentales ubican esta cifra por encima de las 120 mil personas); y avaló el crecimiento de la deuda interna y externa hasta llegar a cifras de 3 billones 600 mil millones de pesos y 123 mil 100 millones de dólares, respectivamente (montos inimaginables de recursos que representan un aumento del 207.7% de la deuda total gubernamental durante su administración).

El planeado momento de autoelogios de la clase política se dio luego de que el presidente de la Junta de Gobierno del ITAM, Alberto Bailléres (empresario y dueño de El Palacio de Hierro y grupo GNP) recibiera hace poco más de un año, la medalla Belisario Domínguez, máximo galardón que el Senado de la República otorga a un ciudadano mexicano “que se haya distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente, como servidor de la Patria o de la Humanidad”. La distinción le fue otorgada a Bailleres con el apoyo de los senadores del PRI y del PAN en medio de un escándalo debido a la manipulación de la votación por parte de quien presidiera en aquel momento la Mesa Directiva, el panista Roberto Gil Zuarth (también egresado del ITAM).

Aunque para algunos, la distinción entregada a Calderón por un presidente en plena debacle política, pudiera tener una connotación más perjudicial que beneficiosa, para otros, todo es parte de una estrategia para revertir la pésima imagen pública de Calderón e impulsar su reelección a través de la candidatura presidencial de su esposa. 

Si aún quedan dudas de que se trata de un reconocimiento explícito de los supuestos méritos de Calderón para promover su reelección, basta con señalar que otros dos de los galardonados fueron funcionarios de primer nivel de su gobierno: Agustín Carstens, su primer secretario de Hacienda que luego fue premiado con su nombramiento como Gobernador del Banco de México (puesto en el que fue ratificado por Peña Nieto) y José Antonio Meade quien fue su secretario de Energía y Hacienda y con Peña Nieto ha ocupado las secretarias de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y, nuevamente, Hacienda.

La reunión se desarrolló a puerta cerrada y sólo era posible acudir con invitación. Incluso el acceso para la prensa fue controlado de forma estricta a fin de evitar la filtración de personajes indeseados que pudieran estropear el desarrollo de los autoelogios que la clase política mexicana se prodigo por varias horas; el tono de la reunión fueron los mensajes de reconocimiento mutuo y la presencia sancionadora de uno de los máximos representantes del sector empresarial mexicano.

La suspicacia de que todo esto sea parte de la nueva edición de una sucesión pactada se refuerza por las similitudes, que diversos columnistas han consignado, con lo ocurrido en 2012 durante las exequias del expresidente Miguel de la Madrid celebradas en Palacio Nacional. A las honras fúnebres del expresidente priísta acudieron los barones del tricolor para departir con los altos funcionarios federales panistas en mitad de una campaña presidencial que se caracterizó por el alejamiento de Los Pinos de la entonces candidata Josefina Vázquez Mota y que concluyó con el arribo de Peña Nieto.

El académico y periodista John Ackerman señala a este respecto que el presidente Peña Nieto se apresta a: “devolver el favor a Calderón por haberlo apoyado en 2012. Así como Calderón abandonó a la candidata de su partido, para permitir la llegada del representante del grupo Atlacomulco, hoy el presidente aparentemente ha decidido también abandonar a los candidatos de su partido para respaldar a Margarita Zavala como la candidata de la continuidad”.

Otro dato relevante que alimenta la suspicacia de que todo esto es parte de un acuerdo entre Peña Nieto y Calderón, es que la reunión se lleva a cabo en un momento en que, por un lado, el presidente del PAN, Ricardo Anaya, es fuertemente cuestionado y, por el otro, trascienden a la opinión pública una serie de encuestas que colocan a la esposa de Calderón como la precandidata presidencial más fuerte. En política las coincidencias no existen, la andanada contra Ricardo Anaya obedece al hecho de que en las citadas encuestas, Anaya aparece como el segundo panista mejor posicionado rumbo al 2018. Elogiar a Calderón y golpear a Anaya son parte de un mismo acto: impulsar la reelección Calderonista.

La imagen es brutal. Peña Nieto y Calderón reunidos para sellar, con un intercambio de halagos, el pacto de la reelección Calderonista bajo la complaciente mirada de Bailleres que representa el aval del Status Quo empresarial. Juntos en una nueva aventura política en defensa de sus intereses compartidos (evidentes y al mismo tiempo inconfesables, entre los que poco cuentan los militantes, viejos y nuevos, del PRI y del PAN) que burla la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y pone en entredicho una vez más, la validez de  la vía electoral democrática para acceder al poder en México.

@VargasLopezRaul