En memoria de un excelente amigo

Cuando una persona generosa, justa y comprometida, como lo era mi amigo, el médico pediatra Gabriel Gómez Michel, diputado federal por el distrito VIII, pierde la vida de forma tan absurda y dolorosa, no hay palabras que alcancen a describir la sensación de pérdida y la zozobra que deja entre quienes lo conocimos y lo quisimos bien. La partida de un ser humano con tan alto sentido del deber y una trayectoria profesional dedicada a servir a sus semejantes no sólo son una lamentable y dolorosa ausencia para sus familiares y amigos, es una pérdida invaluable para todos.

Pero no sé qué es más grande, si el dolor ante hechos tan injustos como estos o la indignación frente a la ineptitud que una vez más muestra el gobierno del estado, su fallida política de seguridad pública y sus no menos ineficientes corporaciones policiales. Cómo explicar que a media tarde del lunes, en una de las principales vías de tránsito de la ciudad, por la que es muy común ver circular patrullas de tránsito, convoyes de la policía estatal y hasta convoyes del ejército, se cometa un secuestro con pistola en mano, que el evento se registre en video por las cámaras de seguridad directamente conectadas a las corporaciones policiales y que sean evidentes las características de los vehículos con que los delincuentes que esto cometieron escaparon y nadie haga algo para impedirlo o detenerlo.

Cómo es posible que quienes privaron de la libertad y asesinaron a mi amigo, tengan total impunidad para atravesar la ciudad y salir rumbo a Zacatecas sin que nadie los intercepte, aún cuando las autoridades ya sabían del delito cometido y tenían una descripción fidedigna de los vehículos usados y de los individuos que en ello participaron.

No sé qué es peor, si saber que mañana a cualquiera de nosotros puede ocurrirnos en carne propia una desgracia como ésta o saber que allá en las altas esferas del gobierno estatal siguen perdiendo el tiempo y dejando a su suerte a los jaliscienses. Qué debe ocurrir para que se tomen cartas en el asunto. Van más de 60 funcionarios públicos municipales, estatales y federales asesinados en Jalisco y parece que nadie se lo ha dicho al gobernador. Su política de no veo y no escucho no funciona.

Finalmente deseo compartir un hermoso recuerdo que tengo conmigo y que describe una parte del carácter de mi entrañable amigo Gabriel Gómez Michel… Eran mediados de los noventa cuando recién egresado de la especialidad e incorporado a un exitoso equipo médico de trabajo, Gabriel me dice: “padrino, yo no estoy para cobrar estas cantidades, yo mejor me regreso para el pueblo…”. Meses después lo visité en su natal El Grullo, su padre me recibió en la casa familiar en donde además tenía un modesto, pero funcional consultorio… Pasaban los minutos y Gabriel no aparecía… Su papá me invitó: “venga doctor, a ver en lo que está Gabriel…”. Fuimos juntos al consultorio y cuál fue mi sorpresa al ver que había una enorme fila de pacientes, niñas y niños con sus padres, esperando ver a Gabriel… “Ahorita acabo y voy, padrino…”, nos advirtió… Pasaron dos o tres horas y al final, Gabriel se incorporó a la reunión, disculpándose por la demora… Disculpa a la que respondí: “pero te fue muy bien ¿o no?”… Y Gabriel acotó: “¡Ay, padrino! De todas las familias que vio formadas esperando turno sólo dos o tres pueden pagar… Y yo cobro 30 pesos…”.

Este era mi amigo, el médico pediatra Gabriel Gómez Michel, un doctor que llegó a la escena política auténticamente impulsado por el afecto y admiración de la gente de su pueblo… Una persona genuina, sin falsos oropeles ni simulaciones… Un hijo respetuoso, agradecido y cariñoso… Un padre amoroso, atento y ejemplar… Un amigo leal, solidario y generoso… Un ser humano excepcional…