La impostergable legalización de la marihuana con fines médicos

Conseguir cannabis o sus derivados con fines medicinales en México puede resultar un auténtico galimatías. Monserrat Josefina Gómez, una niña jalisciense que padece del síndrome de West y su madre, la señora Erika Sevilla llevan meses en lucha para obtener el tratamiento basado en aceite de cannabidiol que le permita a Monserrat reducir las frecuentes crisis convulsivas que la invaden.

Han hecho todo lo humanamente posible para obtener el tratamiento que mejoraría significativamente la calidad de vida de ambas. Pero hasta ahora la cortedad de miras de la burocracia sanitaria mexicana ha puesto todo tipo de trabas y complicaciones para retrasar y encarecer la obtención del tratamiento.

Por supuesto que la reglamentación bajo la cual actualmente se rige la obtención de este tipo de tratamientos resulta contradictorio (e incluso violatorio) del mandato constitucional que el artículo cuarto consagra: “toda persona tiene derecho a la protección de la salud”. A los ya conocidos problemas de recortes presupuestales, desabasto de medicamentos, saturación de los servicios sanitarios y precarias condiciones laborales de los médicos, enfermeras y químicos, se suma el rezago en la reglamentación nacional y de los estados que imposibilita una justificación simple y directa, una importación rápida y una disponibilidad amplia en el sector público para los medicamentos basados en cannabinoides, necesarios en el tratamiento de una gran cantidad de padecimientos.

La solución de fondo se encuentra en la legalización del uso medicinal de la marihuana; pero dadas las circunstancias, llegar a este punto puede representar meses de discusiones y procedimientos; por ello, es urgente que casos como los de Monserrat dispongan de una vía rápida y segura para ser resueltos de inmediato en la parte técnica y jurídica a fin de recibir con oportunidad y suficiencia los medicamentos basados en cannabinoides por parte del sector público de salud. Una medida así reportaría enormes beneficios para pacientes con padecimientos que van desde el cáncer hasta problemas degenerativos y estructurales del sistema nervioso central.

El uso, producción, transformación y comercialización de la marihuana y sus derivados con fines de investigación y terapia médica ya es una realidad en nuestro principal socio comercial. 30 estados de la Unión Americana han aprobado en sus legislaturas locales esquemas legales para este propósito. En México continuamos empantanados en un proceso largo y complicado que es directamente proporcional a la cerrazón y demagogia con que algunos sectores de nuestra sociedad, secundados igualmente, por sectores al interior de los partidos políticos abordan el tema.

El pasado 8 de noviembre el voto popular decidió la legalización del consumo de la marihuana con fines recreativos en California, Massachusetts y Nevada; y con ello se ha llegado a un conteo total de nueve estados de la Unión Americana que permiten el uso de la marihuana con este fin. A pesar de que los Estados Unidos son, tal vez, el productor más grande del mundo de cannabis con una cosecha anual de más de 10 mil toneladas que representan 35 mil 800 millones de dólares, diversas estimaciones señalan que el mercado norteamericano tiene espacio para una oferta adicional de cannabis legal por alrededor de 25 mil millones de dólares cada año. Este panorama de oportunidad ha hecho que países como Israel, Colombia, Paraguay e incluso Brasil alisten sus productos y marcas para ingresar o ampliar su presencia en suelo estadounidense. ¿Y México? Bien gracias, seguimos en la discusión sobre si existen o no las condiciones para modernizar el marco regulatorio y hacer que se empate mejor con la realidad tanto en el consumo recreativo como en el medicinal.

Lograr un cambio en esta materia, requerirá de sensibilidad y voluntad política por parte de los gobiernos federal y estatales para que sean tomadas las decisiones correctas basadas en información científica y en los hechos que demuestran que la prohibición, y el enfoque punitivo en general, frente al fenómeno del consumo de drogas, no ha funcionado y, por el contrario, ha creado las condiciones de oferta y demanda idóneas para hacer de éste un mercado muy lucrativo en manos casi exclusivas de la delincuencia.

Así que la mesa está puesta y sólo los países cuyos gobiernos y sociedades entiendan la delicada situación a la que nos ha conducido el prohibicionismo por más de seis décadas, estarán en condiciones de modificar la perspectiva y obtener mejores resultados. Existen razones de seguridad nacional, seguridad pública, en materia de salud y ahora económicas, por las que la legalización del uso medicinal y recreativo de la marihuana debe impulsarse en nuestro país. Las decisiones que otros países están tomando más temprano que tarde nos llevaran a ello.

@VargasLopezRaul