El desastre de la Seguridad y la Justicia en Jalisco

Cuando se habla de Seguridad Pública y Justicia, Jalisco está reprobado, no importa el nivel u origen partidario del gobierno cuya responsabilidad se revise, todos los niveles gubernamentales provenientes del partido político que sea, se encuentran reprobados por igual en estas asignaturas.

De acuerdo con datos provenientes de la más reciente Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2016 (ENVIPE 2016), realizada por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), el 61% de las personas en Jalisco opinan que la inseguridad es el principal problema.

Y de según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana de junio de 2016 (ENSU 2016), también realizada por el INEGI, el 65.4% de las personas en Guadalajara se sienten inseguras en la ciudad.

Ni el gobierno estatal en manos del PRI, ni los gobiernos municipales en manos de Partido Movimiento Ciudadano, comenzando por el de Guadalajara, pasan la prueba de la opinión pública en el tema de la erradicación de la delincuencia. En Guadalajara el 62.8% de las personas opinan que la situación seguirá igual de mal o empeorará; en tanto que a nivel estatal el 69.5% de las personas sienten que pueden ser víctimas de robo en la calle o en el transporte público y el 52.1% piensa que puede ser víctima de lesiones debido a una agresión. Y razones no le falta a la ciudadanía para tener esta sensación de inseguridad; información proveniente de la Fiscalía General y del sistema de Monitoreo de Indicadores del Desarrollo de Jalisco (MIDE), señala que los delitos del fuero común se han incrementado un 18%, y preocupa la alza de 52% en el número de casos de homicidios que alcanza 665 muertes en la Zona Metropolitana. Los robos de vehículo han llegado a 23 diarios y los robos a cuentahabientes de bancos registran al menos un caso por día.

La mayoría de la ciudadanía en la entidad perciben como poco o nada efectivas las acciones realizadas contra la inseguridad por parte del gobierno del estado (73.2%) y estiman que el trabajo de la Policía Municipal Preventiva, la de mayor proximidad, es igualmente poco o nada efectivo (59%). La prevención como competencia primordialmente municipal ha fallado, la vigilancia y los patrullajes son insuficientes y ni qué decir del rescate de espacios públicos; las consecuencias están a la vista.

Pero no sólo en el rubro de prevención del delito y seguridad las cosas van mal y pintan para peor; de acuerdo con la organización no gubernamental México Evalúa, que el pasado mes de junio presentó su informe Justicia a la medida, en el cual da cuenta de siete indicadores que califican el sistema de procuración e impartición de justicia en todo el país, Jalisco es una de las tres entidades que tienen un desempeño mediocre y a la baja en esta materia durante los últimos cinco años.

Los datos sobre Jalisco son alarmantes en temas como homicidios, denuncia de ilícitos y trato satisfactorio a víctimas de delitos; rubros que empeoraron entre 2013 y 2015. En cuanto a homicidios la tasa más baja por cada 100 mil habitantes se presentó en 2006 con apenas 6 casos, llegó a su nivel máximo a finales del sexenio pasado (2012) con 20.4 casos y actualmente se ubica en una tasa de 15.5 casos.

En cuanto a la denuncia de los ilícitos, la creciente desconfianza en la efectividad del trabajo gubernamental ha llevado a que cada vez con mayor frecuencia la ciudadanía no realice las denuncias correspondientes cuando se sufre algún tipo de incidente delictivo. En Jalisco se estima que apenas 1 de cada 5 delitos ocurridos son denunciados ante las autoridades.

Y lejos de perseguir y castigar a los delincuentes, las autoridades tratan mal y con frecuencia criminalizan a las víctimas del delito; en nuestro estado 1 de cada 2 víctimas de la delincuencia son tratadas de forma insatisfactoria en las agencias del Ministerio Público (55.4% en términos puntuales).

Lo más lamentable de todo esto es que la inseguridad y la injusticia no son sólo una colección de porcentajes y cifras que describen algo abstracto y lejano, los estragos de la delincuencia y la falta de presencia del Estado para garantizar la seguridad de las personas tienen rostro y nombre.

Hace unos días se registró un suceso por demás trágico e indignante. Blas Alí Saras, talentoso joven de 17 años fue asesinado luego de intentar defender a su madre y hermana de unos sinvergüenzas que pistola en mano pretendían arrebatarles el vehículo en el que se desplazaban por la colonia Miguel de la Madrid. Luego de que los delincuentes encañonaran a su mamá y la amenazaran para que les entregara el vehículo, Blas Alí, quiso intervenir para evitar que la lastimaran y recibió un balazo en el abdomen que le costó la vida. Otro caso igualmente trágico se registró el pasado fin de semana cuando un hombre de 65 años recibió un balazo en el abdomen al resistirse a ser asaltado en la colonia Belisario Domínguez y perdió la vida.

Ante la incapacidad de los gobiernos panistas, priistas y emecistas en Jalisco por cumplir con la más elemental de sus responsabilidades: brindar seguridad a las personas para la preservación de su integridad física y sobre la posesión de sus bienes, tal parece que lo único que nos queda es llegar al absurdo de pedir a los delincuentes que busquen en el fondo de su ser algún rasgo de humanidad y actúen de forma menos insensata y que cuando, como decíamos en el barrio, ‘las personas ya estén dadas’, desarmadas y a merced de sus estropicios, no sean ‘hijos de la chingada’ y corten la vida de alguien cuyo infortunio más grande fue tratar de defenderse o defender a sus seres queridos de una amenaza que todos los días nos acecha a cualquiera de nosotros.

Estoy cierto de que nada puede reconfortar la enorme pérdida de las familias de quienes han muerto a manos de la delincuencia, pero lo menos que podemos hacer es exigir que esta ola de asesinatos se detenga y no queden impunes; y que el gobierno del estado y los gobiernos municipales se bajen de una vez por todas de la hamaca y cumplan con sus responsabilidades y si no es así, como diría Alejandro Martí hace algunos años: “quien no pueda con el cargo, que se vaya”.