Umbral

Como influye el tendido en la fiesta de los toros

Muy a propósito de los carteles programados para las llamadas corridas de cuaresma en la Ciudad de México

Proemio


Alguna vez me hicieron la siguiente pregunta “¿Podría usted, mencionar a alguien del tendido que sea un gran conocedor de la fiesta de los toros?” Sin dudarlo un solo momento respondí a mi apasionado interlocutor, mire usted; no tiene más que asistir a una corrida de toros en cualquier parte del universo de Tauro, en un día en que la papeleta se haya agotado y los cartelitos de no hay billetes, se hayan colgado de las ventanillas abarrotadas de las taquillas de la plaza.

Señale usted al azar hacia cualquier parte de la pletórica y multicolor, soleada o sombreada, gradería, o, apunte con su dedo índice hacia la parte de la zona de barreras numeradas y se encontrará, con que ahí precisamente estará alguien presto a discutir, a discernir, a dictar una sabia cátedra o a pontificar, acerca del “Arte de Cuchares” esto, dicho sea de paso con gran dosis de sorna, sarcasmo y cierto cinismo.

Por cierto, nada más que para acotar, se le llama así al arte de torear reses bravas, en honor de Francisco Arjona Herrera a quien se apodaba Curro Cúchares, hijo del banderillero Manuel Arjona Costuras y de María Herrera la hermana de Curro Guillén nacido en Madrid el 19 de mayo de 1818 y fallecido en La Habana, Cuba a causa del vómito negro el 4 de diciembre de 1868.

El tendido

El tendido de la plaza de toros es el anfiteatro, la galería, el ágora de ancestral y nostálgico pasado clásico greco latino, en donde se ejerce la gran democracia. A veces altamente cuestionada.

Como todo; existen democracias en donde la vos del pueblo es la vos de Dios y otras, en donde ejerce el poder algún presidente dictatorial, quien suele ser más papista que su santidad, se es o no se es. La voluntad popular se pasa de largo como en Bilbao o se omite como en Zaragoza y Pamplona. Ahí, ni manda el que legítimamente triunfa, ni el que paga un abono y si, el que preside desde el biombo. De Guadalajara, mejor ni hablar…

En otras “democracias” blandengues como la de la Monumental de México, en la actualidad reciente, el que mandaba, era el testaferro de los dueños de la mole de cemento y acero, quien en actitud caciquil, asumía que el tendido del coso que administraba, solía estar habitado por una masa neófita, ávida de diversión, carente del conocimiento que le permitiera exigir categoría ni a diestros ni a ganaderos.

En la plaza de México, es usual y así lo exigen las figuras peninsulares y los toreros locales, que salga el toro bobo, el toro descastado que no ofrece mayores riesgos ni a los matadores ni a los subalternos. Así, a los “braminos” procedentes de la dehesa de Teófilo Gómez, la sabiduría popular, ha dado en llamarles “teofilitos”, por aquello de “Como dijo don Teofilito,” paremia que sirve para señalar una espera infructuosa de algo. “Los toros no embisten” como dijo don Teofilito… ni embestirán… A los noveles, la “leña”.