Umbral

La arquitectura de Guadalajara

Parte 4 de 4

Las Explosiones de Abril de 1992... La catástrofe más reciente, se suscitó en el barrio de Analco durante el mes de abril de 1992, sufriendo Guadalajara, una de las peores devastaciones que en esa ocasión tuvo que incluir vidas humanas.

Como suele suceder en esos casos nunca se supo a ciencia cierta cuál fue la causa de aquella espantosa explosión que enlutó cientos de hogares tapatíos. Lo realmente cierto es que la obra del hombre resultó una vez más ser el causal principal de su autodestrucción. Un colector de desecho de aguas residuales que fue diseñado para que se ubicara justamente debajo, en el subsuelo de una de las zonas de mayor demografía que se convirtió en una colosal bomba de tiempo al acumularse, enormes cantidades de combustible (gasolina) que inexplicablemente circulaban precisamente por ahí y que al no encontrar escape debido a la construcción de un enorme sifón hicieron reventar manzanas enteras.

El entonces gobernador Guillermo Cossío fue destituido y el presidente municipal, Enrique Dau, que no tenía ni una semana en el cargo, fue apresado, pasando larga temporada en la cárcel. 

Sin embargo,  nunca se dijo a qué se debió la existencia de tanta gasolina en una ruta de desecho, gasolina que tal vez fue derramada intencionalmente por algún oscuro funcionario de PEMEX (Petróleos Mexicanos) involucrado en un supuesto fraude.

En este caso como en muchos otros en donde la corrupción, la prepotencia, y la mentira se enseñorean, el ciudadano que recibe la afrenta día a día suele conformarse con el aforismo que sentencia “No buscar a quien lo hizo, sino a quien lo pague”. Y quien lo paga, saldó un adeudo no por la causa que se le adjudicó tal vez, pero sin duda la conformidad de un pueblo maltratado por siempre, avala una sentencia que se ha dictado a cambio de cientos de violaciones a la ley que permanecieron impunes.

Guadalajara de México, aparentemente es una ciudad tranquila, que sin embargo, más temprano que tarde, comenzará a pasar a los tapatíos la factura, el precio que se ha de pagar por su flagelo, que se ha de traducir en deshumanización, en pérdida de la identidad y pérdida de su tradición, lo que ya se da, sobre todo en sus zonas barriales y colonias populares.

En cuanto a su estética que es el tema primordial de esta reflexión, ahora Guadalajara, no es más la “Ciudad de las rosas”, ni la “Perla de Occidente”, ni huele más a tierra mojada. Guadalajara mancillada con cubos, arcos, caballos y magos, representa la herencia de sus ancestros, la de la doble moral y el alma híbrida de los tapatíos que descansan comiendo hamburguesas en Mc Donald´s, viajando a Los Ángeles, California, o a Las Vegas en los Estados Unidos  y navegando por Internet.