Umbral

La Plaza de Toros Nuevo Progreso

Segunda de dos partes

 

En el siglo XVIII, los eventos taurinos, se escenificaban en plazas fabricadas con madera, de manera tal, que podían ser desmontables. Algunos lugares en donde se sabe, se instalaron por muchos años esas plazas, fueron: La Plaza de San Agustín, en el lugar que hoy ocupa el teatro Degollado, La plaza de Santo Domingo, frente al hoy templo de San José de Gracia, un solar detrás del colegio de niñas de San Diego, en lo que actualmente se conoce como las calles de Garibaldi y González Ortega. Ya avanzado el siglo XIX, las corridas de toros, se daban en la plaza de La Independencia, actual mercado Corona, en el solar que hoy ocupa el mercado Alcalde, y en otros barrios de la ciudad, como el de Mexicalzingo, el de la Capilla de Jesús, el barrio de las Bolsas y otros de menor importancia. Para mediados de aquel siglo, existió una plaza llamada Circo de la Unión, ubicada en lo que desde entonces se conocía como El Rincón del Diablo, detrás del teatro Degollado. Los empresarios de esa plaza, competían con otro coso que fue construido en tiempos de la ocupación francesa y se llamó del Porvenir. Más tarde hacia 1865 ó 66, se inauguró la que permanecería en pie y después de haber sido restaurada hasta en dos ocasiones, hasta su desaparición en 1979, la plaza del Progreso. Los empresarios que se ocupaban de regentear esa plaza localizada frente al Hospicio Cabañas, durante la década de los veinte, en el siglo XX, tuvieron que competir con la empresa de la plaza de La Lidia, la misma que se construyó sobre los cimientos de la antigua plaza del Porvenir. Hacia 1888 se inauguró en Guadalajara, una nueva plaza de toros en los terrenos que hoy ocupa el Seguro Social, frente al parque Agua Azul. La plaza de la Estación del Ferrocarril. Su existencia fue efímera. Un poco más tarde, surgió la plaza llamada de Las Barranquitas de Alonso, incendiada el mismo día de su inauguración. .El año de 1967, nuevamente la empresa de la plaza del Progreso encabezada entonces por Ignacio García Aceves, enfrentó la competencia de un nuevo empresario originario de Arandas, Jalisco, Leodegario Hernández, quien mandó construir una nueva plaza y dar festejos a la par de los que se daban en San Juan de Dios. Sin embargo, Leodegario Hernández, sin reunir el perfil del empresario frío y la astucia mercantil del negociador, hacía mayor cazo a la pasión que sentía por la fiesta de los toros que a la razón del pragmatismo económico bien razonado, lo que aunado a su afición al juego y al derroche, le llevó a la ruina. Algunos aficionados que asistieron a las corridas organizadas por Hernández, opinan que al espectáculo se le restaba seriedad, ya que era usual, la lidia de reses de poca presencia. Sin embargo, nadie se atrevería a negar, que fue precisamente esa empresa, la que brindó el mayor número de oportunidades a los matadores de nuevo cuño y reivindicó a otros que ya estaban en franca decadencia.

Una mala administración y las cuantiosas pérdidas, le llevaron a tomar la determinación de ofertar la plaza de sus amores, La Monumental de Jalisco, a su archirrival, García Aceves.

Don Nacho, como se le conocía en el medio, no tuvo el menor empacho en adquirir el inmueble, manteniéndolo cerrado durante diez años, hasta que fiel a su instinto negociador, se deshizo del viejo coso del Progreso, vendiéndolo para su demolición, restaurando a la vez, la plaza comprada a Hernández y rebautizándola con el nombre de Nuevo Progreso.

El actual propietario del inmueble, es el empresario regiomontano, Alberto Bailleres.

 

*Aparece en: "En el Umbral de los Siglos", Ramón Macías Mora, CECA 2006, Gobierno del Estado de Jalisco.

 

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