Umbral

La Plaza de Toros Nuevo Progreso

Primera de dos partes

Es difícil ubicar con precisión histórica, el momento y el sitio exacto en donde en alguna parte de nuestro mundo, se dieron por iniciadas, las lides taurinas. Como antecedente, tenemos que hallazgos arqueológicos en Europa y Asia, nos muestran la relación hombre/toro, como parte de rituales de caza, rituales religiosos y rituales de juego. La fiesta de los toros, como un ejercicio muy similar al que persiste hasta nuestros días, parece ser que se gestó durante la edad media en España. A ello se debe la permanencia de todo un universo de signos, emblemas y simbologías, en donde se advierte una singular analogía entre la misa católica (ritual sagrado) y la corrida (ritual pagano). Con la conquista española, arribaron a América los eventos taurinos; manifestándose esa expresión, de manera simbólica y de manera real. Aún en nuestros días, se aprecia en las diversas celebraciones, correspondientes a casi la mayoría de los grupos étnicos de ascendente indígena, la evidencia de aquella primigenia evangelización. Es muy común observar en ciertas épocas, fiestas patronales y carnavales, la quema de toritos de cohetes, confeccionados con cartón y carrizo como parte de las celebraciones, en donde se efectúan procesiones acompañadas de música de banda cuyo género primordial, son las piezas llamadas toritos. En algunos grupos, va más allá esa presencia llegándose a sacrificar incluso, una res y escenificándose toda una pantomima de corrida. Es muy frecuente, encontrar también bebidas fermentadas con el nombre de “Toritos”. Sin embargo, la corrida como tal, dentro de un esquema muy próximo al que persiste en la actualidad, se comenzó a dar, el mismo día de la caída de México Tenochtitlan, el día de San Hipólito. Más tarde, en lo que hoy se conoce como Guadalajara, ya concluido el sometimiento de la población indígena, fue común, la realización de eventos taurinos, aunque en esa primera época, atendiendo siempre, a un esquema de devoción religiosa y regocijo, ya fuera por la llegada de algún personaje, virrey, clérigo o para señalar una fecha importante dentro del calendario eclesiástico. Pronto se arraigó dentro del contexto de una nueva sociedad, el suceso taurino, llegando a formar parte de la propia cultura y extendiéndose con el paso de los siglos como una tradición. A principios del siglo XVIII es observable ya, un cambio sustancial en la organización y la finalidad específica de las corridas. La corrida transformada en espectáculo, propició que con el paso de los años, se requiriera de un organismo rector que se encargara de encausar el desorden reinante hasta entonces y la proliferación de espacios destinados a la lidia. Así, la real Audiencia, que fue durante el virreinato, el órgano de gobierno, se encargó de fomentar las corridas de toros buscando atraerse fondos, ~ esencialmente con la finalidad de solventar los cuantiosos gastos que ocasionaba la obra pública y el aparato burocrático. Surgieron entonces, empresarios o asentistas, dispuestos a pujar en las distintas subastas que para celebrar el espectáculo, se convocaban a través de pregones y carteles fijos.

ramamo@hotmail.com