Maestros morales y eficientes

México, como todos los años, el 15 de mayo rinde homenaje al maestro y hace pública manifestación de su reconocimiento cordial y afectuoso, al modesto trabajador que callada y tesoneramente finca los sólidos cimientos de la cultura y del progreso nacional.

Si los encumbrados de un día, los falsos redentores de las masas o los pequeños grupos formados a la sombra de intereses bastardos y mezquinos, olvidan con frecuencia el valor que como formador y orientador de las naciones tiene el maestro, el pueblo, pero sobre todo muchos niños y jóvenes reconoce en él, de modo intuitivo, sincero, espontáneo, al plasmador de las nuevas generaciones y en este día vuelcan con alborozo su gratitud y cariño a las maestras y los educadores.

Esto es natural, ya que el maestro no es un servidor de los pocos, sino de los muchos: talla y esculpe sin descanso. En cada niño no ve el interés particular de ese niño, sino la importancia que tiene como integrante y colaborador de la colectividad.

A través del tiempo se ha formado el concepto de lo que debe ser el educador. Sustituye las ideas equivocadas o incompletas de lo que es el maestro, que sintetizamos así: un ser en constante renovación; hombre libre que no hace de la escuela una cárcel ni del niño un prisionero, víctima inocente de los errores o prejuicios de otra época; firme en sus propósitos, de carácter y con aspiraciones nobles y generosas; de cuerpo sano, robusto y fuerte; hace del magisterio una ocupación consciente a la cual se dedica por convicción y no por necesidad, y que imparte sus enseñanzas con cariño, interés y alegría.

Nuestro país está urgido en estos aciagos días, de maestros que abatan la duda y el pesimismo; el momento actual precisa de hombres guías que señalen la meta por alcanzar, que sean hábiles, intuitivos a la vez que observadores, estudiosos, plenos de amor y de energía en el desempeño de su labor; cultos y capaces de modelar el alma del niño por medio de procedimientos racionales y de una educación humana a la vez que científica.

Los futuros hombres de México, deben ser formados por hombres libres de cadenas mentales y materiales, en escuelas en que se respire un ambiente de libertad y democracia; maestros que enseñen con alegría y entusiasmo, relegando en absoluto castigo y amenazas que siempre degradan el espíritu. Maestros que amen su profesión, que es sublime porque es creadora, y que renueven la doctrina del amor universal hasta realizar el ideal de que los hombres se vean como hermanos. Es indudable que en donde quiera que haya un buen maestro, habrá buenos alumnos; sin buenos educadores no podrá haber buena educación, y si ésta no es buena se convierte en perjudicial.

Necesitamos a toda costa preparar a nuestros niños para la democracia; para ello es menester que los maestros sean morales y eficientes; que su enseñanza no sea árida y pesada, abstracta y penosa, libresca y memorista, que fatiga y acaba por inutilizar al niño y lo convierte en un paria; pero antes precisa que el maestro sea vindicado, que haya menos loas y ditirambos y en cambio se haga un planteamiento más lógico de nuestro sistema educativo. Estamos seguros de que nuestras autoridades penetradas de la importancia del maestro para el aseguramiento del futuro de México, sabrán proporcionar a aquél una vida más tranquila, sin la preocupación de problemas económicos o por la seguridad en el trabajo, y que lucharán porque se les guarde el respeto y la consideración debidos a su alta misión. Es urgente también el establecimiento de verdaderos centros de preparación de maestros, donde se capacite a estos para el ejercicio de su profesión, la cual debe ser desempeñada con alto concepto de responsabilidad, sin sentimientos de suficiencia o superioridad. No cabe en el magisterio la ausencia de sensibilidad, la frialdad en el corazón, sino la bondad, el calor y el entusiasmo en la formación de los hombres del mañana.  

Subdirector de Secundaria Mixta 49, con maestría en Pedagogía