Prácticas Indecibles

Naranjo, regresa

Murió Rogelio Naranjo, uno de los caricaturistas centrales de una poderosa tradición artística. Durante años, no sé si ocho o nueve, un grupo de amigos entonces jóvenes editábamos bajo la dirección de Carlos Monsiváis el suplemento La Cultura en México de la revista Siempre! Nos reuníamos los lunes por la tarde en la casa legendaria de Monsiváis en la calle de San Simón, en la Portales. ¿Quién le llama a Naranjo para darle el tema? Preguntaba Carlos. Todos los jóvenes editores queríamos llamar a Naranjo. A través del teléfono se oía una voz suave de carácter imbatible. Era Naranjo.

La prensa ha elogiado y con razón la caricatura política de Naranjo. Por lo mismo quiero recordar su capacidad extraordinaria para el retrato literario. Naranjo ilustró durante años las primeras partes del suplemento La Cultura en México con ilustraciones de escritores. Nadie como él para dibujar con maestría un rostro sobre libros. Competía consigo mismo y cada semana se derrotaba haciendo una especie de puntillismo a tinta como no recuerdo otro en la historia de la caricatura mexicana.

Monsiváis al teléfono: ¿no crees que Naranjo es el único genio mexicano? Tenía razón, en la plenitud de su maestría nadie igualaba a Naranjo. En un campo periodístico en el que podían contarse cuatro o cinco grandes caricaturistas, él era el mejor.

No todo mundo sabe que Naranjo fue el portadista excepcional de Nexos cuando la revista era un folletón que se desdoblaba en una sábana casi inmanejable. Los gloriosos 70 bajaban la cortina y los oscuros 80 subían el telón. Recuerdo que aquellos editores del suplemento éramos invulnerables y nuestras ambiciones ardían en el entusiasmo de nuestros gustos literarios.

En el mundo de la prensa y la cultura, el veneno de la política fundó odios eternos; la envidia exterminó los cariños. Y Naranjo seguía dibujando como un gran maestro en Proceso, El Universal, La Cultura en México, Nexos.

Siempre admiré en Naranjo su profesionalismo, por llamar así a su seriedad y su capacidad impresionante de trabajo. Naranjo siempre le dedicaba el mismo tiempo al dibujo de un obrero jodido que a una caricatura de Cioran; a un retrato de López Portillo lo trataba con la misma intensidad que a una caricatura de Carlos Fuentes.

Durante años, el cupón de suscripción de la revista Nexos era un extraño animal cuyos cuernos eran las deseables piernas de una mujer. Ese ser mitológico decía: “¿Nexos? Yo oí sexos”. Paren las prensas: Rogelio Naranjo ha muerto.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay