Prácticas Indecibles

No los quemaron

Decía André Maurois que solo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa. Si además esa verdad debe ser histórica, la cosa se descompone hasta el absurdo. Siempre creí que la fórmula de “verdad histórica” utilizada para exponer los resultados de la investigación de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos era una barbaridad que nadie en términos jurídicos o humanos podría cumplir.

Y ciertamente, la investigación encabezada por Murillo ha sido incapaz de sostener esa verdad. Pero esta ineptitud conceptual, los defectos de una investigación incompleta, si se quiere, no convierten al ex procurador Murillo y su equipo en unos mentirosos o, incluso, en unos delincuentes, salvo que uno deseé que así se lea impreso con la tinta política del escándalo y la mala leche negra.

Después de un año de trabajo en el basurero de Cocula, el Equipo Argentino de Antropología Forense ha concluido que los 43 normalistas de Ayotzinapa no fueron incinerados en ese lugar. El examen “no respalda la hipótesis de que hubo un fuego de la magnitud requerida y la duración informada en la madrugada del 27 de septiembre de 2014”.

Testimonios apabullantes indican que en Cocula hubo una incineración, aunque se ignore el número de los cuerpos calcinados, pero pruebas científicas, al parecer, muestran que esas quemazones no son factibles. Por cierto, las “pruebas científicas” no han sido exhibidas con la claridad que exige la gravedad del caso.

No es una novedad que una tendencia amplia e influyente de los comentaristas lo último que desea es que se aclare el asunto; antes al contrario: arrastremos a “la verdad histórica” por el lodo de la vergüenza y, en consecuencia, al gobierno de Peña.

¿Y los más de cien detenidos relacionados con ese crimen cuyo final macabro en esa versión ha sido Cocula? Supongo que de ser cierto, si en ese basurero la noche del 27 de septiembre fue oscura, tranquila, intocada por la violencia, los presuntos asesinos relacionados con ese fin criminal deben ser puestos en libertad muy pronto. No ocurrió aquello que los incrimina, nunca pasó eso que ellos mismos han confesado de muchas formas contundentes. Imagino que con una buena defensa, incluso Sidronio Casarrubias y El Cabo Gil obtendrían su libertad. Como dice un buen amigo: todo es muy raro. Cuando la realidad empieza a parecerse a una telenovela como El señor de los cielos, la cosa va muy mal.

 

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay