Prácticas Indecibles

La noche de Fonseca

El suplemento Laberinto de MILENIO le ha dedicado una bien concebida entrega semanal a uno de los grandes autores iberoamericanos en sus 90 años: Rubem Fonseca, el brasileño que se ha convertido en México en un escritor de culto y un éxito de crítica y de ventas en el mundo.

Si recuerdo bien, Héctor Aguilar regresaba de algún viaje y traía con él la novela Pasado negro. La leí en un fin de semana: la potencia narrativa, la densidad de sus personajes, la intensidad y la emoción de su trama me hechizaron. Desde entonces, durante 25 años me dediqué a perseguir cada libro que Fonseca publicaba y a contratarlo para la editorial Cal y Arena a través de la Agencia Carmen Balcells; así, año tras año, hasta sumar 21 libros puestos en español y en el mercado editorial mexicano.

Los 90 subían el telón y un Fonseca de 67 años visitaba México por primera vez. Bernardo Ruiz estaba a cargo de publicaciones de la UAM y logró que Fonseca aceptara la invitación; el escritor brasileño, por cierto, nunca daba entrevistas: todo lo que tengo que decir está escrito en mis libros.

Un pequeño grupo de amigos fuimos a cenar al Bellinghausen. Alguien le sugirió a Fonseca los gusanos de maguey. Los comió sin resistencia alguna. Mientras comía, apuntaba en una libreta nombres de la carta del menú. Antes de que desaparecieran los gusanos en la última tortilla, Fonseca vio los restos en el plato y dijo: sería más interesante que fueran gusanos de vaca muerta.

No recuerdo quién sugirió, pero juro que no fui yo, la gran moda de la noche mexicana de esos años: el table dance. Fonseca miró a la oscuridad y abrazó a la noche. Entramos al Clóset, el templo del table dance en la colonia Condesa. Mujeres topless iban y venían entre las mesas. Guapas, eso sí. Por un boleto, la mujer de su preferencia se sentaba en las piernas de usted durante una canción. Sí, se podía tocar y tocar. Fonseca tomaba notas en la libreta.

Un año después, en el libro Un agujero en la pared apareció un cuento: “La carne y los huesos”, un eco de esa noche. Por cierto, a la muy completa entrega de Laberinto, le faltó decir que todos los libros de Fonseca se consiguen en Cal y Arena. Un simple olvido, seguro.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay