Prácticas Indecibles

A manos llenas

Leo una noticia tras otra en la prensa y no doy crédito y cobranza, como dice un amigo. Los desvíos de dinero público han superado los cientos de millones de pesos para convertirse en miles de millones. El más reciente desvío me ha dejado helado. La noticia apareció en El Financiero: Jorge Castillo Díaz, mejor conocido como El Coco, operador umbrío de Gabino Cué, mandatario de Oaxaca, y también de José Antonio Estefan, candidato del PAN y el PRD a la gubernatura del estado, este Coco, decía, es el responsable de cabildear contrataciones.

Según la nota de El Financiero, El Coco ha amasado una fortuna que supera los 7 mil millones de pesos. Documentos en poder de ese diario destacan que hay 26 cuentas a nombre de Castillo Díaz o sus cercanos colaboradores y familiares. El salario de El Coco en el año 2000, cuando trabajaba en la Secretaría de Gobernación, ascendía, o descendía, a unos 12 mil pesos al mes. Muchas de las cuentas de El Coco han sido congeladas por el SAT por un adeudo fiscal de 64 millones de pesos.

Si entendí algo, un grupo político hizo nido en la Secretaría de Gobernación de Diódoro Carrasco: Gabino Cué era secretario particular, El Coco ocupó la secretaría de Recursos Materiales, el secretario de Finanzas de Carrasco era Estafan Garfias. Gran equipo. Al aparecer ahorraron sus buenos pesos: 7 mil millones.

Si alguien que hasta hace 15 años ganaba 12 mil pesos ahora puede tener 7 mil millones, mejor hay que admitir que no hay mecanismo diseñado que pueda detener semejante exacción del erario. Esta breve historia ejemplar me ha recordado el ensayo de Héctor Aguilar publicado en la revista Nexos, “Nocturno de la Democracia Mexicana”, una pieza desoladora de uno de los asuntos irremediables de nuestra democracia: el dinero sin rendición de cuentas, el dinero federal puesto a la orden de los gobernadores y sus grupos, el dinero como botín del sexenio.

Héctor Aguilar: “es un hecho que la democracia  descentralizó el gasto y enriqueció las haciendas estatales. El dispositivo institucional que convirtió esa abundancia inesperada en una invitación a la corrupción y el dispendio fue la soberanía estatal”. De allá vienen Granier, Moreira, Padrés, Duarte y tantos otros, pero vienen también de una ética hecha añicos, desprendida de las alianzas políticas ciegas e interesadas, de la volatilidad de los principios, de la frase de Giordano Bruno: lo último corrompido ¿no es el principio de lo engendrado? 7 mil millones de un plumazo en un rosario de cuentas bancarias.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay