Prácticas Indecibles

Me manda sueños

“Me manda sueños. Está desnutrido, flaco. Lo veo vivo”, le dice con un trágico poder rulfiano Macedonia Torres a Ciro Gómez Leyva. Así vuelve por la noche su hijo desparecido en Iguala. La acompañan dos padres, retrato salvaje del desamparo rural. Ambos tienen la certeza de que el Ejército retuvo a sus hijos y los desapareció.

Felipe Cruz, vividor del dolor ajeno y vocero de los padres de los desaparecidos se las arregló para entrar en sus noches, en sus sueños, y persuadirlos, con un lenguaje infame de mentiras en andrajos, que a sus hijos los retiene una fuerza militar de orden supremo.

Me asombra que no sean los únicos que creen a pie juntillas la versión chocarrera y perversa de que los desparecidos se perdieron en un cuartel militar. He oído en sobremesas inteligentes, quiero decir no envenenadas por el interés vulgar o la ideología militante, dudas serias de personas serias acerca de la versión del basurero de Cocula.

Sigo sin entender. No recuerdo una exposición más completa, ni más aterradora, de un crimen. Desde luego, no existió después del 2 de octubre de 68, ni al día siguiente del ataque de los Halcones en San Cosme el 10 de junio de 71. Más recientemente: no hubo nada parecido después de los crímenes de Acteal, de Aguas Blancas, de los migrantes ejecutados en San Fernando.

La sombra de la duda sobre la versión que ofreció el procurador Murillo Karam arroja a la vida pública un balde de agua sucia, ante un crimen por el cual se han detenido a autoridades, policías, sicarios. Casi toda la línea intelectual y práctica del delito ha sido consignada. Y aun así, una zona abundante de la sociedad mexicana duda sin dudar de sus dudas.

Una explicación: muchas cosas raras ofrecen una gratificación inmediata, la simplicidad de las creencias es más fácil que los hechos sometidos a la complejidad y a la contingencia. A veces, las explicaciones más duras por su esencia cruel requieren de esfuerzo para entender y de un toque de honestidad.

Retumba en mi cabeza la frase de Macedonia: “Me manda sueños”. Su hijo le manda sueños, esa borrosa patria de los muertos, como escribió Paz.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay