Prácticas Indecibles

El futuro en el pasado

Buscaba en antiguas columnas algunas noticias del perfil de una época y he terminado en otra distinta. Pienso en el conflicto del Metrobús de avenida Reforma. Tengo frente a mí la fotografía de Gustavo Díaz Ordaz, Alfonso Corona del Rosal, Bernardo Quintana y Agustín Yáñez en uno de los flamantes vagones color naranja del primer transporte subterráneo de México. El Presidente, el regente de la Ciudad, el ingeniero de la construcción y el escritor no parecen ir a ninguna parte. Su único destino es la lente de las cámaras de los fotógrafos que capturan sus sonrisas. No saben, no pueden saber pues desconocen el futuro, que han fundado una nueva, enloquecida sucursal del infierno y que ponen la primera piedra del transporte moderno de México.

5 de septiembre de 1969. Primera plana: “El Metro en servicio. Fue entregado por el Presidente al pueblo de México. La obra más extraordinaria de cuantas se hayan emprendido en este gobierno”. Me asombra la sumisión de estas páginas a las que caracterizaba el elogio ciego a cambio de los favores presidenciales, pero no estamos hablando de la prensa sino del transporte. Digo esto: la inmovilidad petrifica las ciudades. ¿Queremos Reforma así como está, hasta el fin de los tiempos?

Por cierto, en el cine Tlatelolco se exhibía El graduado, semanas de éxito en las que Dustin Hoffman miraba subyugado, después de la tempestuosa cama, a la señora Robinson, desde luego Anne Bancroft. En esos días, en el Teatro Blanquita bailaba Tongolele. En el Teatro Cuauhtémoc, el profesor Alba asombraba al mundo con grandes actos de hipnotismo. El Cinema Insurgentes, arriba de la plaza del Metro, abrió sus puertas el 11 de septiembre exhibiendo una película de guerra: La batalla por Anzio. Mi madre y yo fuimos a ese cine y nos sentamos en las butacas con nuestras palomitas, a ver El planeta de los simios. No sabíamos, puesto que no conocíamos el futuro, que el cine terminaría en escombros y la plaza convertida en un basurero. Así pasa con los sueños urbanos.

En el centro histórico, una ciudad ancestral mandaba mensajes al futuro. Durante las excavaciones para la construcción del Metro fueron encontradas 70 toneladas de piezas arqueológicas. La voz de Tenochtitlan le recordaba al porvenir que también ella, un día, tuvo un auge extraordinario. Una línea de Metrobús no destruye una ciudad, raro que sus críticos no se hayan opuesto a la gran apuesta del transporte particular: los segundos pisos.

rafael.perezgay@milenio.com

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