Prácticas Indecibles

El examen

La psicóloga de la procuraduría tocó a la puerta de mi casa. Después de todo aquel asunto del vecino y las amenazas, las autoridades me pidieron un examen psicológico que sostuviera en mi declaración los efectos de aquella noche nefanda, mi psique herida.

La recibí en la casa de usted con gentilezas que ignoraba estuvieran guardadas en mi faltriquera. Muy rápido me dijo: señor, necesitamos de un lugar amplio en el cual nadie nos interrumpa durante cuatro horas. Sufrí una parálisis, momentánea, pero parálisis al fin.  Cuando me recuperé, le dije con las mejores maneras que por qué tanto tiempo: cuatro horas, ¿no le parece un poco demasiado?

Así son estos exámenes, le recuerdo que soy perita psicóloga de la procuraduría. El examen consta de 540 preguntas, identificación de figuras y varios dibujos, uno de ellos, el más importante, un dibujo de usted bajo la lluvia.

Me quise morir. Las 540 preguntas me parecieron un tormento, la identificación de figuras solo Dios sabe qué rayos pudiera ser eso, pero el dibujo de mí mismo bajo la lluvia me llenó de melancolía. De inmediato pensé en mí sin paraguas caminando bajo el agua, no como Gene Kelly bailando bajo la lluvia, sino perdido en la oscuridad como en la canción de los Creedence Clearwater Revival: “Have you ever seen the rain?”.

Me sentí enfermo y cuando esto pasa, lo saben los psicólogos, la cólera acompaña al desconcierto. Mientras me imaginaba a mí mismo dibujándome bajo la lluvia, miré a la psicóloga y le dije: no haré esta prueba, señorita psicóloga: me han amenazado de muerte y ¿por esa razón tengo que hacer un examen de 540 preguntas? A veces, el árbol de la ley deja caer de sus ramas frutos podridos. No recojo frutos podridos.

Me va usted a perdonar, pero tengo mucho trabajo, ya veremos cómo enfrentar el asunto de la lluvia y de las 540 preguntas. Usted ha hecho un gran trabajo, le dije, no quería parecer ríspido, yo a usted la besaría con fuerza sensual. No le dije esto, por supuesto, pero estuve a punto, yo quería que ella siguiera su camino en busca de psiques inestables.

No tengo espacio aquí para presentar el dibujo de mí mismo bajo la lluvia. Lo hice en secreto. Más estremecedor que El grito, de Munch. Búrlense, allá ustedes.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay