Prácticas Indecibles

Elecciones

Mientras escribo estas líneas se desconoce el resultado de las elecciones en Estados Unidos. Los conocedores sostienen que Hillary Clinton resultará ganadora. Como sea, Trump ha enfangado la contienda y los comicios despertando los peores sentimientos estadunidenses: el racismo, el aislacionismo, el sexismo, la xenofobia, el elogio de la aldea y el desprecio del mundo. Si no me equivoco: el daño está hecho. Falta ver, en el caso de que Trump pierda la elección, si aceptará su derrota. Si impugna el resultado, Trump romperá una larga tradición en la cual el candidato perdedor reconoce al ganador y acepta su derrota. Como sea, se trata de habas contadas.

Llamarle populista a esta clase de político  cada vez más común en el mundo es decir poco de un personaje que recurre a la violencia lingüística, a la majadería como instrumento persuasivo, al desprecio por las ideas y en consecuencia a la defensa e impulso del antiintelectualismo, al machismo, a la mentira de que la sinceridad puede sustituir a la inteligencia, al dogmatismo como una forma de la sensibilidad, al menosprecio del conocimiento que de nada sirve en un mundo podrido. No sé si esto sea populismo, pero estoy convencido de que se trata de un modelo de político que campea en las arenas públicas con éxito suficiente para encumbrarse y ganar o llevarse a la mitad de un electorado contagiándolo de sus manías, de sus fobias. Y sí, soy de los que cree que López Obrador tiene más de un punto de coincidencia con Trump.

Si dentro de unas horas Clinton se ha convertido en la presidenta electa de Estados Unidos y primera mujer en despachar en la Casa Blanca. México tiene por delante un serio trabajo: primero persuadir a la presidenta de que la visita de Trump a México no fue un golpe bajo a su campaña. Y luego hilar fino: el TLC, la migración, la frontera, la inseguridad, la guerra contra el narco.

La pregunta que cualquier lego como yo se haría es si estamos armados para encuentros en los cuales se pueda hablar de todo con sentido político y conveniencia nacional. Sin saber nada de las relaciones exteriores, me atrevo a pensar que no, no estamos estructurados para eso. Y sin esa estructura, quizá Hillary Clinton piense que hay que esperar a que termine el sexenio de quien invitó a su enemigo político para hacerle los favores a su campaña. Entre más lo pienso, menos lo entiendo.