Prácticas Indecibles

La economía

No sé nada de economía, pero la he padecido toda mi vida, mi juventud, los años adultos y ahora en este atardecer al que llaman madurez, cerca del primer invierno.

Pertenezco a una generación acostumbrada a la palabra "crisis". Solo por esta vez utilizaré el indeseable plural: despertamos a la vida pública y a nuestros 20 años al final del gobierno de Luis Echeverría. Dejamos arder nuestros sueños de juventud mientras México se deshacía como una pastilla efervescente en medio vaso de agua.

Despojados de todo heroísmo político, posteriores al año legendario de 1968, vimos pasar el gobierno de Echeverría y reventar el peso y desencadenar un remolino de corrupción e ineptitud.

Leíamos los nuevos libros, recién publicados, de Cortázar y Borges, Onetti y García Márquez mientras José López Portillo pulverizaba las finanzas mexicanas y metía al país a una licuadora. Control de cambios, mexdólares, nacionalización de la banca, La Colina del Perro, lágrimas de cocodrilo del Presidente en el Congreso, en fin, un sainete de corrupción, inflación diabólica, devaluación increíble. Recuerdo que mi salario era de 2 millones 300 mil pesos. No era un sueldo muy alto.

Pasó el tiempo. Lo que deseamos con el corazón se incumplió en alguno de sus opuestos, lo que creímos a pie juntillas se desvaneció en el aire durante la prolongada crisis del gobierno de De la Madrid. La austeridad, la renovación moral, los recortes a diestra y siniestra. Cerraban los años 80, una década negra, miserable, deprimente, crítica.

La esperanza salinista duró un suspiro. El sexenio de las reformas terminó en llamas y dio paso a la mayor crisis financiera del México moderno. Zedillo dice que Salinas; Salinas que Zedillo, da igual. De pronto pasábamos de los 40 años y traíamos pegada a la piel de nuestra memoria la palabra "crisis". Vistas así las cosas, la mediocridad económica de los gobiernos panistas resulta un remanso.

Después de un inicio contundente, en el cual el gobierno de Peña Nieto logró las soñadas reformas estructurales, los vientos chinos, o lo que sea, arrasan al peso, al precio del petróleo. Es obvio que el peso no regresará a los niveles de hace un año y que el petróleo no se venderá en mucho tiempo a más de 100 dólares. Hemos regresado a la oscuridad.

Dice Héctor Aguilar, que de estas cosas sabe un rato largo, que el futuro mexicano es la prosperidad. No entiendo cómo. Quizás estoy oscuro y no veo más allá de mis narices.

rafael.perezgay@milenio.com
Twitter: @RPerezGay