Prácticas Indecibles

Trump y la madriza

En estos días me pregunto, a contracorriente de la tendencia dominante de opinión, si el desconcierto del gobierno mexicano ante el triunfo de Donald Trump ha sido efectivamente tan inepto como parece. Estoy seguro de que el asunto es más complejo, aunque no por eso el gobierno de Peña queda exento de su lentitud y falta de talento político. La sociedad y los medios también se han atascado en la alarma y la información pobre, en el pasmo y la incredulidad. No es para menos.

Los representantes de nuestro gobierno no tratarán con un déspota, sino con un totalitario. Esto vuelve las cosas mucho más difíciles. Me puse a buscar en los libros y llegué a Los orígenes del totalitarismo, de Hanna Arendt (Alianza Editorial, 2015), en especial el capítulo “El Totalitarismo en el Poder”.

Antes de convertirse a la doctrina lopezobradorista, mi hermano José María Pérez Gay consideraba este libro como una de las claves intelectuales del siglo XX. Lo leímos, yo por primera vez, mientras él escribía un ensayo que la ideología y la enfermedad le impidieron terminar.

Leyendo a Arendt he comprendido que es una tontería comparar a López Obrador con Trump. La diferencia estriba entre un político despótico y uno totalitario. Nada qué ver. Escribe Arendt: “en la literatura nazi y en la bolchevique pueden encontrarse repetidas pruebas de que los gobiernos totalitarios aspiran a conquistar al mundo y someter a su dominación a todos los países de la tierra. Sin embargo, estos programas ideológicos, heredados de los movimientos pretotalitarios (de los partidos antisemitas supranacionalistas) no son decisivos. Lo que es decisivo es que los regímenes totalitarios dirigen realmente su política exterior sobre la consecuente presunción de que, con el tiempo, lograrán este objetivo último, y no lo pierden nunca de vista por distante que pueda parecer o por seriamente que puedan chocar sus exigencias ‘ideales’ con las necesidades del momento. Por eso no consideran a ningún país como permanentemente extranjero, sino que, al contrario, estiman a cada país como su territorio potencial”. Por estas razones de raíces profundas, Putin y Trump se entienden.

Con ese gigante de aspiraciones totalitarias negociarán los representantes del gobierno mexicano el muro de la frontera, el TLC y la deportación masiva de mexicanos. Muy difícil. Mientras mide fuerzas en el mundo, México se presta, por desgracia, para ser el punching bag de Trump. Miren como cumplo, y venga el izquierdazo a la zona hepática. Una verdadera madriza.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay