Prácticas Indecibles

Ya todo es dañino

La ideología de la salud es más perniciosa que la libertad e incluso el exceso. Opino que dejemos que las personas se hagan cargo de su propia salud y que cada quien para su santo.

En la casa de juventud de mi cuñada Irma Juárez había un letrero que vigilaba la actitud de los visitantes y, al mismo tiempo, proponía la línea editorial de la casa, por llamar así a la conducta de quienes habitábamos aquel departamento de la Plaza de Coyoacán. Decía así: en esta casa, todo lo que nos gusta es ilegal, inmoral o engorda. No supe que más que un aforismo de vida diaria, se trataba de un serio vaticinio sobre la vida que nos tocaría vivir en los años de nuestro futuro.

Resulta que todo, o casi todo, es nocivo para la salud. Así lo dice la prensa, la radio, la televisión, no pocos médicos, hospitales en pleno. La última mala nueva es que los jugos frescos de frutas son malísimos. La noticia cayó en mi vida como un petardo de dinamita. Crecí convencido de que un jugo de naranja a las seis de la mañana, uno de zanahoria al mediodía, otro de toronja en la tarde, colaborarían a una salud de hierro forjado y, por qué no, a la longevidad. Mi padre se rascaba los bolsillos diariamente para comprarme de madrugada un jugo de naranja. Pues con la novedad de que probablemente nadie me hizo más daño que mi padre y su jugo y su juego matutino.

La nueva tendencia de opinión informa que el azúcar que se encuentra en la fruta fresca, o procesada, en forma de jugo, es perjudicial para el cuerpo humano. El jugo de frutas frescas ocasiona enfermedades como la obesidad, la diabetes, el corazón triste y el cáncer. No es que me haya inquietado, pero caracho, a dónde iremos a parar. Además, los jugos ocasionan la cirrosis. Imagino de pronto esta declaración en el crepúsculo de la vida: me dio cirrosis por tomar muchos juegos de naranja. El señor Russell Eaton ha escrito un libro de gran profundidad filosófica sobre la maldad del jugo: ¿Por qué se debe evitar el jugo de frutas?

Pero esto no es nada: si usted se come las semillas de la manzana, se juega la vida pues contienen un poco de cianuro. El perejil es malísimo, si se traga con frecuencia inusual, sabe Dios qué quiera decir esto. Demasiado perejil puede ocasionar una severa alteración hepática y de los riñones. Como diría Lenin: ¿qué hacer? Nada, escondernos en un clóset, comer alfalfa, beber agua, rumiar, reptar y vivir felices con estas intensas formas de enfrentar la vida.

Si la lectora y el lector buscan en internet, encontrarán nueve alimentos que nunca deberían comer a menos que deseen internarse en un laberinto de fuego: tomates enlatados, dan cáncer y diabetes; embutidos, provocan cáncer de estómago y de páncreas; margarina da de casi todo, hasta gripa, por lo de las grasas saturadas y esas cosas; aceites vegetales, como lo oyen, la relación entre omega 6 y omega 3, no entendí, pero fastidia todo, se trata de cocinar con aceite de coco, ah, sí, señor, y no se diga más; palomitas de maíz en microondas causan infertilidad y aumentan el colesterol, o sea, sin hijos y al borde de un ataque masivo al miocardio; espinacas, apio, fresas y otros productos enriquecidos con plaguicidas: ¿cómo saber? Por Dios, hombre, basta con oler el producto, si huele a Raid, cómalo bajo su propia responsabilidad; sal de mesa, obvio, el espanto desde los años ochenta, en los restoranes hay que poner cara de drogadicto y pedirle al mesero la sal. Yo pido sal gruesa para hacerme el interesante.

Los últimos dos alimentos nocivos que reportan los médicos de importantísimos hospitales como la Clínica Mayo: la soya; me sentí robado, durante años se ha dicho que la soya es más saludable que pastar en La Marquesa y luego correr en el Ocotal, kilómetro 17 de la carretera a Toluca; ahora resulta que la soya es transgénica y más nociva que Mamá Rosa. Los endulzantes artificiales, lo peor, más malos que dos gramos de cocaína per cápita en una noche; mi hermano le ponía a su café doce o trece sobres de endulzante y pensaba que no le engordaban, pues resulta que engorda más que el azúcar refinada.

La ideología de la salud es más perniciosa que la libertad e incluso el exceso. Opino que dejemos que las personas se hagan cargo de su propia salud y que cada quien para su santo. Digan si no.

rafael.perezgay@milenio.com