Prácticas Indecibles

Shakespeare pacheco

La noticia tocó a rebato. Según una nota publicada en The Independent y reproducida en La Jornada, Shakespeare fumaba mariguana. Tiene su encanto imaginar al gran canon de la literatura universal fumando cannabis de una pipa en el año de 1606. Después de fumar el equivalente a un churro moderno, de los grandes, Shakespeare pudo decir esto con voz pastosa: voy a escribir la historia de unas brujas horrendas y malas que le vaticinan a un poderoso militar un porvenir de éxito y desgracia. Les aseguro pasajes con crímenes, manos ensangrentadas, una mujer intrigante, un sueño eterno. William, deja de fumar esa yerba, le habría dicho uno de sus amigos, pero Willy fumaba más y decía: esas brujas dirán que lo bello es lo podrido y lo podrido lo bello: volar por la niebla y el aire apestoso.

A veces todo empieza en una ensoñación, inclusive Macbeth, el gran clásico del poder que devora a quien lo obtiene en la oscuridad de la traición. Resulta que un grupo de científicos ha utilizado la tecnología forense más avanzada de origen sudafricano para develar lo que fumaba Shakespeare en las pipas de tabaco usadas en el jardín shakespeareano en Stratford-upon-Avon. Residuos de las pipas de barro de más de 400 años de antigüedad revelan que Shakespeare era pacheco. Cuatro de las pipas del jardín de las letras universales contenían cannabis.

Puede ser que la mariguana haya jugado un papel no del todo menor en la idea de una cena en la cual Macbeth ve aterrado al fantasma de Banquo. Si lo pensamos bien, ¿quién puede ver un bosque que se mueve sino un pacheco? Tuve amigos que veían moverse a ciudades enteras y se fumaban los bosques. Ciertamente el bosque de Birnam se desplazó hasta Dunsinane. La yerba pudo ser la razón por la cual Shakespeare inventó una Lady Macbeth que caminaba sonámbula confesando en sueños los crímenes a su médico.

Mientras leía la nota de los restos de mota encontrados en las pipas del más grande escritor de todos los tiempos, pensé en nuestras adversidades nacionales y nuestros pequeños actores políticos. Nada, ni arrojo ni emoción. No es que yo desee una tragedia, pero hace falta lo que les sobraba a los Macbeth: ambición, orgullo, visiones del porvenir. La primera de las brujas dice como una sombra: ¿Cuándo volveremos a vernos? ¿En lluvia? ¿En rayos? ¿En truenos? Shakespare pacheco; como dice un amigo: pas mal.

rafael.perezgay@milenio.com

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