Prácticas Indecibles

Posteridad

La prensa literaria ha conmemorado los cinco años de la muerte de Carlos Monsiváis. El estado cultural ha organizado muestras fotográficas, conferencias, carruseles de recuerdos, memorias que le permiten a Monsiváis regresar, fugitivo, de entre los muertos. No es para menos, se trata de un escritor central de la segunda parte del siglo XX mexicano.

No deja de ser irónico, por cierto, que sean funcionarios culturales del gobierno de Peña Nieto y de Mancera en la Ciudad de México quienes lo recuerden mientras que en Morena, casa natural de Monsiváis, no hayan movido un dedo para recuperar su memoria. No me extraña: no lo han leído, y si lo leyeron, no lo entendieron. Juro que lo leí completo, de pe a pa, pero digo no sin cierta pena que muchas veces no lo entendí. Incontables ocasiones terminé un ensayo de Carlos y dije: ni papa.

No deja de ser inquietante la forma en que el tiempo desmejora algunas obras y hace crecer otras. Monsiváis se debilita con los años, su obra se vuelve cada día más vulnerable. ¿Habrá todavía algún lector que vuelva a su crónica sobre el Chavo de la Ibero, incluida en Escenas de pudor y liviandad?, ¿alguien ha vuelto a las crónicas-ensayo de Rituales del caos, o a las parrafadas de Entrada libre (escenas de la sociedad que se organiza)? Me imagino que sí, que muchos lectores frecuentan estos libros. No es mi caso, sigo pensando que la profundidad de su prosa no alcanzó la transparencia con el tiempo; más bien, se convirtió en una serie de fragmentos abstrusos.

La dispersión masiva de una mente brillante como la de Monsiváis logró una tempestad de artículos, crónicas, ensayos que aún nadie conoce en orden, si es que existe alguno. Una fidelidad al origen me lleva una y otra vez a Días de guardar y Amor perdido de su primer ciclo narrativo y a momentos magníficos de su conocimiento literario: Salvador Novo: lo marginal en el centro; Yo te bendigo vida. Amado Nervo: crónica de vida y obra. Quien quiera leer al gran Monsiváis tendrá que pasar muchas horas y muchas páginas antes de llegar a alguno de sus grandes textos.

No me he referido al personaje, casi inseparable del creador, ni a Monsiváis y su teléfono, gran arma blanca y negra, gran amante de su vida, ni a su moral incompleta. Esa es otra historia.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay