Prácticas Indecibles

Pelé está enfermo

El genio del mal en el área, el mago del quiebre, el loco del pase corto, el físico nuclear del disparo de lejos: Pelé está enfermo. La pantera negra envejece. Cierto, el tiempo pasa.

O Rei ha cumplido 74 años y eso me ha impresionado mucho más que las piedras que le crecieron en el riñón. En mi cabeza, Pelé es joven e inmortal. La noticia corrió como fuego en la paja: Edson Arantes do Nascimento sufrió una “instabilidad clínica” y de inmediato fue transferido a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Sao Paulo. El 12 de noviembre Pelé fue internado con fuertes dolores abdominales y luego intervenido por cálculos en el riñón, la uretra y vesícula. Sí, muchas piedras, qué voy a saber, no soy el médico, reproduzco noticias de la prensa digital.

El mejor jugador del siglo XX según una votación de los ganadores del Balón de Oro está enfermo e inicia el duro camino hacia la vejez, esa masacre, como la llamó Philip Roth. O Rei ganó tres campeonatos mundiales: 1958, 1962 y 1970. En el Mundial de Inglaterra, 1966, lo patearon hasta que se les dio la gana, en especial un jugador malo de maldad llamado Morais, de la selección portuguesa. 

El fino e impredecible astro brasileño salió a rastras del campo, al final del juego. Les recuerdo que no había cambios. Garrincha y Pelé en la misma alineación, un sueño. Ese año: el Pájaro Madrugador, las primeras transmisiones transoceánicas, John Lennon afirma que los Beatles son más populares que Jesús, el ejército norteamericano bombardea poblaciones civiles en Vietnam y mi padre promete venir a ver conmigo los tres juegos de México. No vino. Tampoco al resto de los juegos que se transmitían unos en vivo y otros diferidos. Llegaba de noche a casa y se iba temprano. Sí, ya sé que parece telenovela, pero qué le hago. Monsiváis dijo que la vida es una telenovela sin patrocinador.

Cuenta la leyenda que Pelé juró que nunca más lo golpearían como a un niño flaco y jodido. Se inscribió en un duro entrenamiento. Cuatro años. México 1970, Pelé había embarnecido y los músculos se le hicieron de piedra, un atleta. En aquel año todo parecía ocurrir bajo el sol hermoso de junio.

Mi papá dijo que veríamos juntos los juegos del Mundial. Vi a Pelé cometer los dos grandes goles de su carrera que no anidaron en las redes. Los vi con mi madre a quien traté de explicarle muchas veces el offside. Muchos años después, ante su cama de anciana enferma, la escuché azorado: la verdad nunca entendí el fuera de lugar, ¿por qué más de dos jugadores entre el portero y el atacante?, ¿o cómo era? No miento, lo digo de verdad.

Con el 9 en la casaca, Tostao pasó en profundidad a Pelé un balón que invadió el área enemiga en un avance de fuego. Mazurkiewicz, gran arquero charrúa, se fue en banda. Pelé dejó pasar el balón y también al portero. Corrió detrás de la pelota y remató un tiro de magia negra que pasó a veinte centímetros de la portería uruguaya. O gol quePelé ñao fez, tituló O Globo en su primera plana. Mi padre me enseñó que la promesa incumplida es veneno mortal para el alma. No vino a ver ese juego.

Pelé está enfermo, el riñón con piedras que le han limpiado es el mismo que utilizó en México para tomar el balón en media cancha durante el juego contra Inglaterra. La prensa la había tomado contra Pelé y dicho que era miope y necesitaba de gafas. La tocó en medio campo, la empalmó y la bola viajó, aquí la idea del viaje es exacta y correcta, por un metro, más menos, la pelota estuvo a punto de meterse a la cabaña inglesa. Manuel Seyde, el gran cronista de futbol, tituló así su crónica del día siguiente: “Sin espejuelos”.

Pelé: la salud, la empresa privada, la publicidad, el libre comercio, la fama, el ahorro, la edificación de un personaje intachable, en fin. Gran ejemplo para los niños. Pelé se encargó de alejarse del otro genio del futbol: Diego Armando Maradona: el abismo, el dinero, la droga, las apuestas, el sexo, el talento dilapidado, el exceso, el fracaso. Así resumo mi afición por el juego: de niño, Pelé; de adulto, toda la complejidad de Maradona.

El genio del mal en el área, el mago del quiebre, el loco del pase corto, el físico nuclear del disparo de lejos: Pelé está enfermo. La pantera negra envejece. Cierto, el tiempo pasa. Mi padre, por cierto, no vino a ver a Pelé en casa durante el Mundial de México 70. Cabrón. Qué le costaba.

rafael.perezgay@milenio.com

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