Prácticas Indecibles

Moska sabe

Paseo y trato de controlar a una fiera. Después de diversos análisis psicológicos, la conclusión ha sido devastadora: Moska es una perra brava.

He contado en otra página que si mi padre me viera paseando a la perra el fin de semana por el andador de la calle de Mazatlán se volvería a morir. Un padre que muere dos veces, qué horrible. Eso se acabó, forma parte de mi pasado. Ahora paseo y trato de controlar a una fiera. Después de diversos análisis psicológicos, la conclusión ha sido devastadora: Moska es una perra brava. No me manden, por favor, recomendaciones de psicoanalistas de perros. No las necesito, yo mismo soy un magnífico analista de perros. Tuve a Max Bebe Ocampo, a Lucas Podolski Alamán y ahora a Moska. Hablo de mi vida adulta; de niño, como contaba Bioy Casares, tuve un perro, mis padres lo regalaron y me dijeron al día siguiente del despojo que lo había soñado.

He soñado que tengo una pastor belga malinois. No es cualquier cosa, hablamos de un animal grande, inteligente, sofisticado, si fuera persona leería a Robert Musil y escucharía a Max Richter con una copa de tinto. No sé, no es tan esnob. No fue fácil aceptar la fiereza de Moska. No me malentiendan: no es mala perra, no muerde ni ha atacado a persona alguna, pero amenaza más que un todoterreno del ejército norteamericano. Trabajo y más trabajo: los del agua Junghanns, metan a la perra; el señor que mide la luz, sí, hay quienes miden la luz como si fueran místicos, guarden a la perra;  el maestro Zertuche, cuidado con la perra; unos músicos de la calle, les dije que la perra; un amigo:

—Te va a ladrar muchísimo y luego te va a querer más que tu mujer —me oigo decir con un tono idiota.

La única verdad de mi vida en este tiempo es que un día amanecí y vi una pastora que podría ser una mesa de sala, por su altura, y una banqueta para tres personas sentadas, un poco apretadas, si usted quiere. Lo dijo Beckett: las bestias saben. Moska sabe que es bella e inteligente. ¿Conoce usted a muchas personas que reúnan precisamente esos dos atributos?

En la calle he conocido mujeres bellas, no miento, que me preguntan por Moska, sus antepasados, sus costumbres. Confieso que me he propuesto platicar, pero Moska ladra y san se acabó el asunto. También he conocido mujeres con perros, no me refiero a sus maridos, y ganas de charlar a las ocho de la mañana de un sábado:

—¿Es un pastor malinois?

—Es perra —respondo orgulloso.

—Divina, y todavía cachorra.

Sé lo que piensan. Sí, también converso con hombres, pero me interesan menos. Como soy precavido siempre llevo tres bolsas para los detritus de Moska. He regalado bolsas a quienes han olvidado sus bolsas. De hecho tengo fama de llevar siempre más bolsas de las que necesito, por eso temo que me llamen así en secreto:

—Ahí va el de las bolsas. Pídele una, siempre le sobran.

No todo ha sido perder vida social por culpa de la Moska. Soy amigo del marchante de la barbacoa. Un día le pedí un hueso para Moska. Me vio con desprecio frente a la mesa larga donde un grupo de veinte o treinta personas se envenenaba con impactos salvajes de triglicéridos y lípidos. Me dio el hueso de mala gana. Ahora somos amigos y me guarda el mejor hueso de la mejor barbacoa de la comarca. Algo es algo.

El asunto central de nuestra vida, más allá de la reforma energética y del petróleo y la soberanía es que queremos una Moska mansa. He invertido un tiempo precioso: le tiro la pelota y la trae, pero eso me provocó un esguince en el brazo, si no le lanzas la pelota 120 veces sufre un ataque histérico. No voy a hacer un chiste machista, olvídenlo, háganlo ustedes mismos; a Moska se le trata con dureza y a la vez con cariño, pero nada, llega el del agua y parece que entró a la casa de usted un asesino a sueldo. Admito que observando a Moska Margarita Ferrari, así se llama, he terminado por admitir como una verdad definitiva lo que decía Mark Twain: recoges un perro que anda muerto de hambre, lo engordas y no te morderá nunca. Esta es la diferencia más notable que hay entre un perro y un hombre.

Seguiré informando.

rafael.perezgay@milenio.com