Prácticas Indecibles

Memorando: la Condesa

Salí a caminar por las calles de mi infancia y adolescencia. Regresé al edificio donde mi familia vivió más de 30 años. La calle se llama Cadereyta, una pequeña vena urbana de una cuadra ubicada entre Nuevo León y Tamaulipas. Un desastre. Basura, restoranes abiertos sin ton ni son y a tontas y a locas. Tamaulipas se ha convertido en una calle infame. En ella se originó, con un muerto, la desaparición y el asesinato de los narcazos del Heaven. Tiempo después, uno de los dueños del bar Life fue ejecutado en la calle Alfonso Reyes, crimen que luego se relacionaría con los asesinatos de la Narvarte.

Mientras camino por la calle sucia de Tamaulipas recuerdo que todo empezó con la herencia de una mujer, María Magdalena Dávalos Bracamontes y Orozco, dueña de la hacienda de la Condesa. Donde se construyeron edificios, restoranes, bares y cantinas un día hubo sauces en el camino que conducía a la casa virreinal, desde donde se veían los magueyales y las casas de adobe de Tacubaya (hoy es la embajada de Rusia). Los límites de la hacienda fueron alguna vez los ríos Piedad y Tacubaya, el camino a Chapultepec y los potreros de Romita, todo aquello que se convirtió con el tiempo en un cauce de motores en ebullición, anchas avenidas de asfalto y ríos de gente rumbo al final de la noche.

No comparto la idea de que la inmovilidad puede traer con el tiempo y un ganchito calles más seguras; al contrario, solo el movimiento y sus transformaciones audaces han logrado convertir a las grandes urbes en mejores lugares para vivir. Pero estoy convencido de que sin la restauración de la memoria cualquier progreso será al final destructivo, desigual, caótico. Esto ha ocurrido en la ciudad a los largo de los años. Nadie se acuerda de nada.

Camino despacio y sin pausa por las calles de mi infancia. La Condesa sucumbe lentamente: escandalosos baches en las calles, todavía amplias zonas sin parquímetros, establecimientos clausurados, basura, coches en doble fila, grafitis. La Condesa está de moda, se dice; una moda algo sucia, desordenada, regida por la pequeña corruptela, la transa. Me pregunto si en su futuro se encuentra la pesadilla de la Zona Rosa y también si el pleito entre Morena y el gobierno del DF nos tomará de rehenes a quienes hemos habitado una vida  en esta colonia. Por cierto, Lord Byron dijo que el mejor profeta del futuro es el pasado.

 

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay