Prácticas Indecibles

"Lichi"

Hace cinco años murió Eliseo Alberto, columnista impar de MILENIO. Esperaba la llegada de un riñón para ser trasplantado. Cuando el órgano llegó, Lichi pensó que había obtenido un trozo de vida, pero la operación se complicó y no regresó de aquella aventura. Lo conocí gracias a Rubén Cortés. Lichi escribía, como yo, en Crónica, el diario que dirigió Pablo Hiriart. Entre todos mis desatinos pensé que podía ser subdirector de un periódico y lo fui a tumbos unos cuantos meses. Por fortuna, Rubén Cortés entró al quite y se hizo cargo de verdad de esa subdirección.

Empezábamos a ser amigos cuando Lichi, desatendido por sí mismo, enfermó. Rubén Cortés me llevaba a su departamento de la Del Valle donde Lichi cocinaba y recibía a sus amigos cubanos y mexicanos. Fumaba como un loco. No se apagaba una colilla cuando había encendido otro cigarrillo completo. Creo que solamente yo fumé así algún día. Le gustaba leer algo de la novela que traía entre manos, en eso me recordaba a mi hermano, verdadero obseso de la lectura en voz alta. Cuando me enfermé en serio, Lichi me dijo, entre cuba y cuaba, un poco porque sí, otro poco  por loco, que me veía vivo y coleando, que yo le gustaba para salir adelante. Como dice un amigo: todo es muy raro. En el camino, él enfermó joven como el carajo y murió. Iba a cumplir 60.

No creo equivocarme si digo que cuando murió, Lichi escribía una de las mejores prosas que se podían leer en la narrativa latinoamericana. Un escritor bárbaro, capaz de llegar a peligrosos niveles de afectación y salir ileso de ese horno que puede quemar cualquier prosa. Desde luego yo había leído Informe contra mí mismo, gran ensayo personal, después de recorrer sus novelas y su prosa periodística, entraba a Esther en ninguna parte, desoladora novela sobre la vida cubana bajo la dictadura castrista.

No me tomará a mal Jorge F. Hernández si digo que fue él quien lo acompañó como los buenos durante el duro periodo de las diálisis. La editorial Alfaguara vuelve a reeditar a Eliseo Alberto y no dudo que se encontrará con nuevos lectores. De pronto lo recuerdo frente al ventanal de su departamento hablando de espaldas a sus invitados de la tentación autoritaria de la izquierda mexicana. Decía: a mí ese perro ya me mordió. Creo que ya conté esto en otra página. Lichi murió el 31 de julio del año 2011.

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