Prácticas Indecibles

Días nublados

No entiendo el espíritu de la firma del acuerdo. Un acuerdo para investigar y perseguir asesinos. Al parecer así hay que hacerlo en estos días nublados para que todos se convenzan de que estamos de acuerdo en perseguir criminales.

Nada escapa a la oscuridad de los días que corren rumbo a la nada. Malas noticias: la historia no tiene un sentido progresivo ni un avance en línea recta hacia el porvenir. La prueba de esto es el caso de los normalistas desparecidos, la aparición macabra de las fosas de Iguala, las pruebas contundentes del narcogobierno de esa ciudad y otras ciudades del estado de Guerrero. A veces, en el futuro, nos espera el pasado miserable. Aunque la esencia sea muy distinta, no recuerdo escándalo mayor de México en el mundo desde el año de 1968. No es para menos, se han documentado con inaudita claridad las relaciones corruptas de las autoridades de Iguala con el crimen organizado.

El retrato no podría ser más complejo. Primero, los testimonios estrujantes de los padres y las madres y los familiares de los desparecidos la noche del 26 de septiembre, secuestrados por la policía estatal a la vista pública y entregados, según dicen las declaraciones de testigos, a un grupo del hampa.

Una numerosa comisión de representantes de las víctimas se ha reunido con el presidente Peña. Durante cinco horas expusieron su desesperación e indignación. No les falta razón, después de un mes de averiguaciones nadie sabe nada del paradero de 43 personas, una cifra monstruosa.

No entiendo el espíritu de la firma del acuerdo. Un acuerdo para investigar y perseguir asesinos. Al parecer así hay que hacerlo en estos días nublados para que todos se convenzan de que estamos de acuerdo en perseguir criminales.

Además, el documento se compromete a otras cosas, muy principalmente a apoyar a las normales y dignificar esos espacios de estudio. Seré incorrecto: dejemos la situación académica de las normales para después, que las autoridades encuentren a los desaparecidos y castiguen a los autores de ese crimen, no le agrego adjetivos al horror.

La comisión ofreció una conferencia de prensa. La vi y la escuché completa. Los familiares de las víctimas firmaron un documento que desconocieron minutos después de la firma. No confían en el gobierno, dicen. No les falta razón, pero durante un rato largo, el culpable único de los desaparecidos de Iguala fue el gobierno federal, el presidente Peña. Ni una palabra del gobernador Aguirre, de Abarca, del PRD. Si escribo ni una sola palabra es ninguna palabra.

En el acuerdo que se convirtió de inmediato en desacuerdo firmado, faltó un punto fundamental: no más violencia; o bien, una condena definitiva de la violencia. Mientras dialogaban los familiares con Peña Nieto, los maestros de la CNTE de Guerrero convertían vastas zonas de la ciudad de Chilpancingo en un campo de guerra. No de guerra, cierto, pues no hubo quien se opusiera al vandalismo. Una camioneta robada a la policía usada como ariete derrumbó las puertas de la Casa Guerrero. Las mismas brigadas violentas han saqueado tiendas, incendiado el palacio municipal, quemado las oficinas del PRD.

Un problema: parece existir un acuerdo no firmado, por decir así, que consiste en consentir la violencia desprendida de la violencia. Del mismo modo, parece de mal gusto condenar esa violencia, como si el crimen ominoso permitiera otros crímenes un poco menos ominosos.

La otra gran ausencia: el PRD. El partido de la izquierda en México ha sido incapaz de presentarse ante la sociedad, ante sus afiliados y sus votantes a dar una explicación. No Navarrete pidiendo perdón, no Ortega vociferando, no Cárdenas del brazo de Porfirio, no Bejarano diciendo que él denunció en el momento preciso, no Padierna acusando a Zambrano. Pienso en la dirigencia en pleno explicando y dando la cara. Esto no es posible, ni lo será, porque dentro del partido el pleito es descomunal, y si no lo es, lo parece.

¿Qué decir de López Obrador dándose baños de pureza? Algo breve: corre por sus venas políticas el autoritarismo. Cuando nadie se hace cargo de sus actos, la cosa va mal. Guerrero ha descubierto, por así decir, al PRD y aún más, a la izquierda, sus contradicciones, su pragmatismo y su orfandad intelectual.

Algo más: vivimos las consecuencias de un error de proporciones históricas: la guerra sin cuartel del ex presidente Calderón contra el narcotráfico. Arreglarlo todo a balazos mientras el crimen trasminaba los muros de la política. Así surgen los santuarios del crimen como Iguala y Guerrero. Sí, días nublados.

rafael.perezgay@milenio.com

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