Prácticas Indecibles

Destino y oscuridad

Un azar sencillo de la vida me ha puesto frente al expediente, o una parte importante de él, de los crímenes de la Narvarte. Llevo horas leyendo. Olvídenlo, en esta ocasión no tengo revelación alguna que hacer de estos fragmentos del mal. No sirvo para eso, ni quiero servir, no me interesa el periodismo de revelaciones espectaculares, aunque reconozco su utilidad. La búsqueda de la verdad siempre trae consigo a la noche. Al final, quien quiere desvelarlo todo, oculta por su mayor parte lo que busca iluminar.

Yo era casi virgen en materia de expedientes policiacos de nota roja, pero la vida me ha bautizado con estos folios azarosos: hojas, flores del mal. Las cosas horrendas que he leído refuerzan las suposiciones que algunos nos hicimos desde el principio: droga, crimen, destino, azar.

En mi lectura, no he encontrado ningún indicio, ni nada que se le parezca, de que el asesinato de Mile Virginia, Rubén Espinosa, Nadia Vera, Yesenia Quiroz y Alejandra Negrete tenga que ver con una persecución de la prensa libre y sus actividades. Quienes sostengan lo contrario con los instrumentos exitosos de la militancia, no podrán probar que los homicidios han sido ordenados por un perseguidor de la libertad de expresión. Con la pena.

En cambio, mientras pasaba las páginas del expediente encontré algo más terrible, un teatro del destino en el que pocos, y nadie, se han detenido a pensar. Un joven trabajador del periodismo, un fotoperiodista, perdido en el laberinto de sus sueños huye de Veracruz diciéndose observado, perseguido. No puede ser solamente una mentira, eso sería demasiado fácil y la fatalidad no admite cómodas mensualidades. El joven huye de Veracruz amenazado y jura a pie juntillas que quieren eliminarlo.

Los amigos del joven asesinado aseguran que el fotoperiodista malvivía en la Ciudad de México obsesionado con la amenaza. Apenas iluminaba la oscuridad de sus días el trago, la confidencia que a veces cura todos los males ante los ojos de los amigos. Así bebió Rubén unas copas con Nadia la madrugada del día en que tres sicarios les quitarían la vida.

En los crímenes de la Narvarte ha ocurrido algo que me perturba y enseña además el poder de la fortuna, ese lugar que existe entre el destino y la oscuridad: la profecía cumplida, el negro azar de la vida. Sí, ya sé que soy un vendido, no se tomen el trabajo.

 

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay