Prácticas Indecibles

Despenalizar la memoria

Para quienes estamos convencidos de que la violencia salvaje que ha vivido México tiene su origen definitivo en la prohibición (ayer Héctor Aguilar escribió sobre el asunto y puso en esta página argumentos contundentes contra la prohibición: “El mundo al revés de las drogas”),  para quienes pensamos que la despenalización desactiva al crimen, convendría despenalizar también nuestra memoria, por llamar así al recuerdo libre de nuestra experiencia con la droga.

Me animo. Mi historia personal de la droga es breve y poco espectacular. Mi primera juventud ocurrió en la mata de la mariguana, allá en la primera mitad de los años 70. No he visitado los infiernos de la adicción a la droga, pero viví toda mi vida cerca de “sustancias prohibidas”. Fui algo menos que un fumador común, un consumidor de baja intensidad: algunas fiestas iniciáticas, conversaciones ante el fuego adolescente, erotismo iluminado por el carbúnclo de la hierba.

La verdad es que no me sentaba bien la mota; me caía de peso, me hundía en el pasmo, me alejaba de la realidad, me dormía y aflojaba cuando yo quería fuego y ajetreo, lucidez y agilidad mental. He sido mucho más audaz con el alcohol a la hora de buscar paraísos artificiales. Y no tengo dudas: el trago es mucho más peligroso personal y socialmente que la mariguana. Mucho más, de lejos. Lo último que provoca el alcohol en exceso es precisamente lucidez y agilidad mental. No se espanten: un día todos hacemos lo contrario de lo que alguna vez nos propusimos, de eso trata en buena medida el paso de los años.

En mi vida adulta aspiré cocaína algunas veces. Me gustaba la fuerza de su ligereza, su promesa de vuelo nocturno. Una personalidad adictiva como la mía se engancharía en tres patadas con la coca. Con todo el dolor de mi corazón, la abandoné. Tengo amigos que la consumen con frecuencia, solo espero que les vaya bien y por mucho tiempo. En cambio fui un loco con el tabaco. Fumé como un desesperado, tardé años en entender que efectivamente estaba desesperado; casi me cuesta la vida. Cierto, nunca hay una relación mecánica entre excesos y enfermedad, pero existen los factores de riesgo.

Defiendo la búsqueda de lugares que están por encima o por debajo de la realidad. Todos buscamos un sueño habitable, así sea por unas cuantas horas. Liberar esta memoria también es despenalizar las drogas.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay