Prácticas Indecibles

En la Condesa

Presento mis credenciales: he vivido la mayor parte de mi vida en la colonia Condesa. Algunos amigos hacen comentarios mordaces de mi persona y dicen que es como una denominación de origen. Tienen razón, y yo añado que se trata de un origen pequeño y más bien modesto. Al cabo de los años, he vivido las cuatro grandes transformaciones que cambiaron a la colonia.

La primera ocurrió en los remotos años 70, cuando el regente Carlos Hank González y sus urbanistas segmentaron a la ciudad en muchos ejes. Dicen los que saben que era un cambio obligado en calles que no se planearon para millones de coches. Que yo recuerde, los Ejes Viales no favorecieron el transporte público. Un día, el camellón de Juan Escutia desapareció con sus palmeras para dejar su lugar a un ancho eje de asfalto, no recuerdo el número, nunca me lo aprendí. La nomenclatura urbana es una de las formas más profundas de la memoria.

La segunda ocurrió durante el terremoto de 1985. Fue un cambio más bien por contagio; la colonia Roma y sus habitantes sufrieron de verdad el sismo. Aún recuerdo los edificios tendidos en el piso, el derribo, el olor a gas. El sismo tiró los precios de la colonia y hubo una rotación de propietarios. Algunos pudimos comprar una casa a principios de los 90 a precio de risa.

La tercera modificación seria ocurrió en silencio y sin pausa. Un día salí de un bar en la calle Michoacán y pensé que estaba en un sueño absurdo: un lugar repleto de luces y restoranes. La Condesa se convirtió en un gran centro social. El crecimiento ocurrió a la trompa talega: sin regulación ni orden. Es dable suponer que la Condesa se volvió el paraíso de la corrupción. Dinero a manos llenas en la delegación: construcción de edificios, oficinas a granel, apertura de piqueras, antros, hoyos negros.

El cuarto cambio es el más peligroso pues pone en juego la seguridad de los vecinos como nunca antes. La Condesa se convirtió en el escenario del gran negocio del hampa. Carlos Puig ha escrito en estas páginas que el robo, los asesinatos, el derecho de piso, todo ello es el resultado de la impunidad y la transa. Desde luego tiene razón. No sobra añadir que fue la izquierda quien permitió que el crimen creciera en la colonia como la humedad en un muro. A ver quien la quita.

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay