Prácticas Indecibles

Ciudades secretas

Soy un turista común y corriente, no busco lo secreto, persigo la memoria pública de mis admiraciones. En Buenos Aires busqué el lugar donde vivió Borges. Luego buscaré los techos de Maradona o Messi, lo juro, nomás faltaba. La esquina de Maipú y Marcelo T. de Alvear, cerca de la calle Florida, se ha vuelto centro de atención permanente para quien considera como yo a Borges uno de los grandes escritores de todos los tiempos.

En la Ciudad de México somos pacatos con nuestra memoria, con la fama de nuestros artistas, con la huellas de su vida diaria, nos inquieta la fuerza de nuestros creadores, nos perturba el recuerdo de la ciudad, por eso no tenemos señales, ni placas de esa vida poblada por fantasmas: por aquí caminó Vasconcelos, en esta casa pintó Ruelas, en este lugar escribió un poema Nervo, allá estuvo la redacción de El Imparcial. Me gustan los fantasmas, solo ellos saben la verdad.

En la calle de Corrientes está el café Tortoni, de gran linaje. Borges, Mastronardi, Alfonsina Storni, José Bianco, Bioy Casares tomaban la copa en ese café de elegancias déco. Vi una fotografía de Borges que le tomó Bioy Casares. En el pie de la foto que Bioy incluyó en Borges, la obra monumental sobre el autor de El Aleph, viene esta cita: “Un hombre que trabaja en un restorán me pide, como un honor, que lo fotografíe con Borges, y expresa luego su colmada gratitud. Cuando el hombre se va, Borges dice: ‘Soy Sabato’”. Borges detestaba la fama de Ernesto Sabato.

Una tarde de abril de 1934, Walter Benjamin inició en París, en el café Les Deux Magots, un combate contra el olvido. Papel y pluma, sobre la mesa del café dibujó el esquema gráfico de su vida como se marca la traza de una ciudad. Ese mapa, pensaba Benjamin, debe tener la profundidad de un sueño. Todos llevamos dentro una ciudad conocida solo por nosotros. La avenida más grande, la familia; plazas y parques, un gran amor; barrios peligrosos, nuestros demonios. Se conoce la anécdota: Borges se subió a un taxi. El taxista le preguntó: ¿Es usted ciego? Sí. ¿No puede leer? No. ¿Ni los periódicos? Algún día todos hemos intentado la confección de ese mapa, un papel de secretos y verdades oscuras.

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