Prácticas Indecibles

Casa tapiada

La temporada electoral se ha convertido entre nosotros en una forma de encierro, en un ensayo sobre la ceguera. No logramos tomar los comicios con naturalidad e incluso con cierto desdén. Le conferimos a los días que corren un aire de estado de guerra, de horror, de juicio final. La casa mexicana cierra sus puertas y ventanas y se olvida de que el mundo, con sus ilusiones, sus espejismos y sus pesadillas, transcurre detrás de los muros y sus tapias.

Traigo a cuento la casa tapiada porque me parece al menos inaudito que prácticamente ningún medio se haya ocupado de la muerte de Peter Gay. Ha muerto uno de los más notables historiadores de las ideas y un biógrafo portentoso y los medios se dedican por completo a seguir las huellas de unas despensas y a reproducir las declaraciones de un candidato a delegado tonto y ladrón. Como diría un amigo: ¿estamos locos?

Tocado para siempre por el ascenso del nazismo, Gay puso esa insignia de obsesión y dolor en su obra, así se tratara de La cultura de Weimar (Paidós, 2011), o de Schnitzler y su tiempo (Paidós, 2002), o de Un judío sin Dios. Freud, el ateísmo y la construcción del psicoanálisis (Paidós, 1994). La familia de Peter Gay huyó de Alemania después de la noche de los cristales rotos y  fue recibida en Estados Unidos, donde Peter Joachim Fröhlich empezó a llamarse Peter Gay. Fröhlich en alemán quiere decir “alegre”.

La obra maestra de Peter Gay: Freud, una vida de nuestro tiempo (Paidós, 1989). Las grandes biografías se saben novelas contenidas, solo el rigor y el conocimiento les impide abrir una última puerta a la ficción. La de Gay sobre la vida del doctor de Viena es una de ellas, una prodigiosa restauración del tiempo en que vivió Freud, un registro del camino entre las sombras que persiguieron a este extraño doctor que cambió la vida de la humanidad.

Hay diversas caras del encierro: la obsesión es una de ellas. También la monomanía, esa forma de la necedad. A la prensa, a la televisión, a la casa mexicana, les urge abrir puertas y ventanas al mundo. De otra forma volveremos a una extraña edad de las tinieblas, ¿o ya vivimos en ella y no lo sabemos?

rafael.perezgay@milenio.com

Twitter: @RPerezGay