Articulista Invitado

Derecho legítimo, no aceptar el fallo sobre mar Meridional

“La Corte Permanente de Arbitraje intentó perjudicar con su dictamen los intereses del país, apoyados por las leyes y los hechos; la solicitud de Filipinas sobre la demarcación marítima es una farsa política disfrazada de legalidad”.

El 12 de julio se dio a conocer el fallo sobre el caso de arbitraje sobre el Mar Meridional de China, presentado unilateralmente por Filipinas hace tres años, una farsa política disfrazada de legalidad.

La Corte Permanente de Arbitraje intentó perjudicar con su dictamen los derechos e intereses legítimos y justificables de China, apoyados por las leyes y los hechos. El mismo día, el gobierno chino publicó la Declaración sobre la Soberanía Territorial y los Derechos e Intereses Marítimos de China en el Mar Meridional, exponiendo solemnemente la soberanía territorial y los derechos e intereses marítimos que goza China en dicho mar.

El ministerio chino de Relaciones Exteriores emitió un comunicado en el que reiteró la solemne y justa posición de China de no aceptar ni reconocer el fallo arbitral.

China no acepta ni reconoce el fallo porque tiene el derecho legítimo a defender su soberanía territorial y sus derechos e intereses marítimos. China fue la primera en descubrir, poner nombre, explorar y explotar las islas en el mar Meridional de China, y la primera en ejercer soberanía y jurisdicción sobre esas islas de manera continuada, pacífica y efectiva.

La soberanía territorial y los derechos e intereses en este mar, incluida la línea de puntos, es un hecho objetivo formado a lo largo de la historia prolongada y acatado por todos los gobiernos chinos. El fallo que distorsiona los hechos no ha logrado negar la historia y los hechos. China no aceptará ninguna solución impuesta sobre ella en el problema que atañe a su soberanía territorial y a sus derechos e intereses marítimos.

China no acepta ni reconoce el fallo porque tiene el derecho legítimo a defender el estado de derecho en el plano internacional y la equidad y la justicia. La solicitud de arbitraje presentada por Filipinas es esencialmente un problema de la soberanía territorial y la demarcación marítima. El asunto territorial está fuera del alcance de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Unclos, por sus siglas en inglés) y la Corte Permanente de Arbitraje no tiene jurisdicción sobre este asunto.

En cuanto a la delimitación marítima, de acuerdo con el artículo 298 de la Unclos, China emitió en 2006 una declaración sobre las excepciones opcionales, excluyendo las disputas sobre la delimitación marítima de los procedimientos de solución de disputas obligatorios de una tercera parte.

China y Filipinas se habían comprometido claramente en sus acuerdos bilaterales y la Declaración sobre la Conducta de las Partes en el Mar Meridional de China a resolver sus disputas mediante diálogos y negociaciones directas entre ambas partes.

La aceptación de la solictud filipina por parte de la Corte Permanente de Arbitraje ha sido en sí misma un acto violatorio de la ley al traspasar y ampliar sus facultades. Por lo tanto, su fallo es ilegal e inválido. Si permitimos que esta farsa política disfrazada de legalidad prospere, las leyes internacionales se convertirían en herramientas de politicastros y picapleitos para distorsionar cualquier cosa y no habrá absolutamente ni equidad ni justicia promovidas por las leyes internacionales.

El rechazo de China al fallo es justamente defender la dignidad del estado de derecho internacional y la autoridad del sistema de derecho internacional.

China no acepta ni reconoce el fallo porque tiene el derecho legítimo a defender las reglas vigentes y la paz y la estabilidad en la región. Tanto la carta de la ONU como la declaración sobre los principios de derecho Internacional establecen las negociaciones como el método primordial para resolver de manera pacífica disputas internacionales.

La Unclos también exige a los países involucrados que resuelvan sus disputas sobre la demarcación marítima prioritariamente a través de las negociaciones. La Declaración sobre la Conducta de las Partes en el Mar Meridional de China, firmada en noviembre de 2002 por China y los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean, por sus siglas en inglés), incluido Filipinas, establece que las disputas territoriales y jurisdiccionales deberán ser resueltas pacíficamente mediante las consultas y negociaciones amistosas entre los países soberanos directamente involucrados.

Este compromiso ha sentado una base importante para la conversión del mar Meridional de China en uno de la paz, la amistad y la cooperación. Sin embargo, un país extrarregional que aún no se ha adherido a la Unclos se ha obsesionado con provocar disturbios en el mar Meridional de China a través del caso de arbitraje y ha recurrido nuevamente a su ardid de “divide y vencerás” en un intento de lograr el supuesto “reequilibrio”.

El “No” de China al fallo es un rechazo tajante a este peligroso acto que amenaza la paz y la estabilidad en la región y atenta contra el desarrollo y la prospridad regional.

Benito Juárez dice: “Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”. El rechazo chino al fallo sobre el caso de arbitraje sobre el mar Meridional de China es un derecho legítimo del país y debe ser respetado.

El resultado de este caso no cambiará la historia y el hecho de que China posee la soberanía y los derechos e intereses marítimos sobre las islas y sus aguas adyacentes en el Mar Meridional de China y tampoco hará vacilar su política y posición de dedicarse a mantener junto con otras naciones de la región la paz en dicho mar.

China seguirá dedicando esfuerzos para resolver pacíficamente las disputas mediante las negociaciones y consultas a fin de mantener la paz y la estabilidad regional.