Hormigas

La víctima y el ambiente

La semana que apenas terminó será inolvidable para la madre que escuchó los gritos de angustia de su hija, menor de edad, antes de que ésta fuera víctima de una violación. Su primera reacción, como la de su hija, fue acudir a los servicios de prevención policiaca. Los operadores de 086 o 066 o 060 no tomaron en serio su denuncia, y sólo cuando se les insistió adoptaron una actitud activa... pero había pasado el tiempo y el hecho se había consumado con violencia.

En el Estado de México, el de las grandes cifras, el de mayor número de habitantes, el que se preció de que sus corporaciones policiacas eran confiables, el que sistemáticamente aprueba en su Congreso penas severas para castigar el delito, el que reconoce la alta incidencia de crímenes de género en once de sus municipios... en la patria chica del Presidente de la República no pudo evitarse este delito contra una niña.

¿Podía evitarse? Desde semanas antes, los vecinos habían alertado a la autoridad municipal del incremento en la incidencia delictiva luego de la apertura de calles de la colonia hacia una gran avenida. ¿La autoridad dejó que el paso del tiempo agotara la inconformidad?

Pudo evitarse si el personal de auxilio hubiera juzgado como válidas las llamadas de auxilio antes de que ocurriese el hecho delictivo y que la policía a cargo hubiera actuado sin dilación. Si los números de auxilio son abiertos, se espera que quien los atienda tenga la capacidad necesaria para reconocer una emergencia real. Si la tasa de llamadas falsas es muy alta, ¿dónde están las acciones de prevención para evitar que ello siga ocurriendo así? ¿No puede ser éste uno de los proyectos centrales del Programa Municipal de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia?

Por otro lado, ¿puede un policía preventivo entrar a un domicilio si advierte indicios de que un delito se está cometiendo en el interior? Si no puede acceder ¿puede realizar acciones disuasorias a efecto de evitar la consumación de un crimen como el que se cometió?

Finalmente, como sociedad, ¿estamos preparados para ayudar a un vecino si éste grita pidiendo auxilio? ¿Somos lo suficientemente generosos y honestos como para reunirnos y decidir juntos prevenir actos que atenten contra nuestros patrimonios y nuestra integridad con apoyo de todos? ¿Cuál es el sentido de nuestra sociedad si no es para protegernos y proteger a los más pequeños, a los vulnerables, a los desamparados? ¿No que era una necesidad natural innata?

Hoy, un hogar tiene las luces apagadas. Exige justicia. Y yo también.