Hormigas

La riqueza del español

La inagotable riqueza expresiva del idioma español proviene no solo de sus profundas raíces e influencias históricas de mil años, sino de las múltiples aportaciones diarias de los hablantes, aun cuando utilicemos un reducido bagaje respecto del número total de palabras de la lengua, que asciende a alrededor de 100 mil vocablos, de los cuales el hablante promedio utiliza 300, de acuerdo con José Antonio Pascual, uno de los autores del "Nuevo diccionario histórico de la lengua española", consultable en línea.

El limitado uso de nuestro idioma es sólo una expresión de la realidad de nuestras sociedades y no me interesa ahora abundar en sus causas; en cambio, considero muy relevante observar cómo usamos las palabras: muchas veces dudamos si una expresión u otra es correcta, pero no tenemos tiempo de detenernos a tener certeza sobre su forma correcta.

Quiero citar un ejemplo. La semana pasada, cuando mi hijo concluía un examen escrito, el profesor le dijo al grupo: "Los que han terminado pueden irse". Algo se me hizo extraño; concluí que el profesor sabía quiénes habían concluido ya el examen y que a ellos se dirigió; al preguntárselo, me dijo que no, que él quiso referirse a todo el grupo. Le repliqué que entonces pudo haber dicho: "Los que hayan terminado pueden irse".… El profesor se quedó pensando, pero se resistió a darme la razón.

Yo tenía fresco el uso del verbo porque en la semana me había esforzado en comprender el modo subjuntivo del verbo, que a decir de Orlando Cáceres Ramírez enuncia acciones que se enmarcan dentro de lo probable, dentro de lo subjetivo, por tanto, de lo "irreal"... una exageración eso último, sin duda: nada hay de irreal en ocupar unos minutos más en terminar el examen. Cáceres Ramírez se refiere a que lo probable está presente en la frase "Los que hayan terminado pueden irse" porque tiene como base una hipótesis, no un hecho, lo cual es precisamente la definición del modo subjuntivo del verbo, a diferencia del modo indicativo o del modo imperativo, sus hermanos.

Ese matiz de significado entre lo real y lo "irreal" es herencia directa del latín. En la lengua madre de nuestro idioma también era posible adjudicar un valor de verdad a la acción, con lo cual era posible distinguir la hipótesis de la realidad en un momento dado. En este sentido, el grado de contraste que hoy podemos usar nos hermana con el modo de pensamiento latino y nos permite, entre otras cosas, comprender mejor por qué grandes pensadores eligieron el latín como su medio de expresión: desde Galileo hasta Newton, pasando por Francis Bacon, Hobbes, Copérnico, Vesalio y Spinoza. El latín, como hoy el español, fue una lengua de matices afines a la minuciosidad reflexiva de los fundadores del pensamiento occidental.

La duda con la que se quedó el profesor quizás sea siempre una duda para él, en detrimento de sus alumnos… entre los cuales ya no estará mi hijo. Me pregunto si se atreverá a salir de ella algún día.