Hormigas

Tres maestros

La semana del 29 de septiembre al 5 de octubre de 2014 tuvo noticias tristes. La pérdida física de tres maestros del arte deja a muchos de sus admiradores en la orfandad, cruzados por la contundencia de la muerte.

El primero de ellos, el pintor Luis Nishizawa Flores, nacido en 1918, cuya obra pictórica y escultórica demuestra la profundidad renovadora del arte mexicano del siglo XX. Sus colores, sus materiales, sus singulares evocaciones de la naturaleza y el diálogo de cierta tradición estética de Oriente con la pluralidad plástica mexicana, hicieron de él un ejemplo de artista; a ello se añade su gran calidad humana, sus dotes de refinada educación y su amplísimo conocimiento del oficio plástico, por todo lo cual fue un maestro inolvidable de numerosas generaciones de artistas, como puede constatarse en los testimonios de quienes lo conocieron ampliamente, publicados a raíz de la muerte del maestro nacido en el Estado de México. Este lunes 6 de octubre, el museo-taller que lleva su nombre, en la ciudad de Toluca, le rendirá un homenaje.

Esta semana también murió el guionista, escritor, productor, músico y compositor Tarsicio García Oliva, nacido en 1959. Fue uno de los fundadores de Radio Mexiquense en 1983, junto a una camada de jóvenes que con su talento y creatividad renovaron desde la ciudad de Metepec las maneras de hacer radio cultural en México. Su primera apuesta de contenidos tuvo tal impacto positivo, que hoy ese concepto radiofónico sigue siendo un referente indispensable cuando se habla de hacer radio pública. Tarsicio tuvo también otras formas de expresión, como la narrativa breve, el guionismo y la música; formó el grupo Tichoretes, que interpretó música para niños, con las composiciones que él escribía. Tarsicio fue reconocido siempre como un hombre de saberes amplios, moralmente íntegro y, sobre todo, de un generoso corazón.

La semana cerró con la muerte del director teatral, actor, docente y promotor del teatro Raúl Zermeño Saucedo, nacido en 1938. Su trayectoria fue reflejo fiel de su vocación: difundir el teatro, formar actores y fundar escuelas de arte dramático. Trabajó con numerosas compañías de teatro y en varias universidades del país, donde dejó una huella imperecedera. Particularmente, en la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México, donde impartió clases, dirigió puestas en escena y fue siempre un ejemplo a seguir para muchos estudiantes de las artes teatrales. Intervino en el cine, ya fuera como actor, director o guionista, con apuestas arriesgadas que se tradujeron en productos ejemplares. No hace mucho lo volvimos a ver en Toluca, Estado de México, en ocasión de las 100 representaciones de Don Gil de las Calzas Verdes, dirigida por Israel Ríos; le aplaudimos mucho, porque volvió a deslumbrarnos con su conocimiento preciso del arte escénico.

El pesar que causa en nosotros la muerte de un artista, hace que el mundo se detenga por un instante; si queremos que la hermosa Tierra vuelva a andar, honremos el legado estético de los maestros que se han adelantado en el exhaustivo camino de la vida.