Hormigas

¿Cómo hicimos El colmillo del gato?

Escribir un libro es complejo y arriesgado; no importa la especie, el resultado proviene de un delicado procesamiento de ideas y decisiones, que exigen la concentración del neurocirujano, porque escribir es el arte de matizar. Pero ¿qué sucede cuando se tiene ya el material escrito y sólo hace falta ordenarlo? ¿Y si ese material no es de quien ha de ordenarlo?

Eso nos sucedió a Patricia Maawad Robert y a mí al encarar la tarea leer y ordenar los escritos inéditos del maestro Carlos Olvera (1940-2013), distribuidos en archivos de todas las épocas de su vida, para formar el libro "El colmillo del gato" (noviembre de 2014), recién editado por el Fondo Editorial del Estado de México. Lo primero fue descartar aquello que estaba notablemente incompleto y separar aquellos materiales que guardaban unidad suficiente para considerarse terminados; esta tarea no suponía aún ninguna decisión de incorporarlos al proyecto editorial que nos aconsejaron los editores Alfonso Sánchez Arteche y Félix Suárez, aun cuando intuíamos que podían formar parte de él, en razón de su reveladora calidad literaria.

Comenzamos, pues, por discriminar; sin embargo, tuvimos que anteponer un límite en la recopilación, porque los textos inéditos seguían siendo diversos en extensión, temática y género, en un número que haría interminable el proyecto. Definimos el cuerpo principal de textos, y dejamos para después su ordenamiento: urgía transcribir y fijar los textos que considerábamos que debían formar parte del libro; manuscritos o transcritos a máquina, los materiales presentaban marcas que interferían en su legibilidad, o bien tenían enmiendas hechas a mano por su autor que a veces no se entendían; en otros casos, la tinta se había decolorado o los gatos, amigos eternos de Carlos Olvera, habían mordido alguna orilla de la hoja... Tuvimos, pues, que completar palabras, o corroborar expresiones propias del autor comparándolas con textos de la misma época, palabras recurrentes, versiones anteriores (cuando disponíamos de ellas, claro)...

Por fortuna, ese paso fue complejo sólo en algunas partes, y pudimos fijar satisfactoriamente todos los textos que queríamos incorporar al libro. Enseguida, nos dimos a la tarea de ordenar los materiales. Teníamos fragmentos de novela, relatos, cuentos breves y otros más extensos, y textos que parecían formar parte de una sola unidad, aunque disgregados en partes que guardaban semejanzas en su tono narrativo, sus personajes y sus ambientes... Decidimos extraer relatos que parecían más experimentales, escritos en verso o francamente crípticos, para favorecer a narraciones lineales, más acordes al resto de los textos que habíamos reunidos de antologías, periódicos y revistas publicados en vida por su autor. Listo, teníamos una primera versión de "El colmillo del gato". ¿Qué sucedió después? Espero comentarlo en una entrega posterior.