Hormigas

Mi experiencia en #Quimera2014

Una de las situaciones que más disfruto como lector es compartir un poema en voz alta ante un auditorio. Se ponen en acción un conjunto de valores estéticos que, conjugados a la disposición natural de escuchar historias, generan una sinergia de ánimo y emociones que motivan a la lectura.

Consigno aquí mis anotaciones de la más reciente, en el Centro Cultural El Diezmo, en Metepec, en el marco del Festival Quimera 2014, cuando, invitado por la escritora Bertha Balestra, tomé el micrófono para leer algunos de los poemas de autores mexicanos que más me han gustado en el camino de la lectura.

Comencé con un poema de Ramón López Velarde (1888-1921), fundador de la poesía moderna en México, cuya obra continúa siendo un poderoso faro estético. El poema "Hormigas" introdujo en el público un poco de escepticismo, por el léxico y la sintaxis del maestro de Jerez, Zacatecas. Para evitar alargar ese efecto de incomprensión y distancia entre el público y los poemas, leí el inolvidable "Temas", de Renato Leduc (1895-1986), cuya mirada desenfadada y antisolemne de la vejez hizo reaccionar al auditorio con expectación.

Tenía interesada a la mayoría. Hice énfasis en la lectura: modulé con ritmo para atenuar las miradas de suspicacia que aún había y arremetí con el "Nocturno" de Carlos Pellicer (1897-1977), que habla de la vertiginosidad de nuestros días. Chicos y grandes se sintieron identificados, por eso me arriesgué con un poema más complejo de Xavier Villaurrutia (1903-1950), "Poesía", con el objeto de llamar la atención sobre la dificultad de escribir y, por extensión, de leer lo escrito.

El momento culminante se logró en el "Juárez-Loreto" de Efraín Huerta (1914-1982), antecedido por algunos poemínimos que yo sabía de memoria, para dispersar en el auditorio la idea de que la poesía es de todos. Durante la lectura del poema firmado el 22 de octubre de 1970, hubo risas, miradas furtivas, revelaciones. Me di cuenta de que este encuentro había logrado su objetivo: interesar a nuevos públicos en la lectura de poesía.

Por eso, no los solté. Seguí con aquel entrañable poema "Amiga a la que amo...", de Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013), que dejó ver la belleza del amor y generó una sensación colectiva de plenitud verbal. Seguí con un poema de Jaime Sabines (1925-1999), "Dentro de poco", que se refiere al oficio del poeta; aquí debo confesar que quizás pude incidir más en el ánimo general si hubiese elegido un poema de desamor del poeta chiapaneco, para contrastar la impresión del poema de Bonifaz Nuño, pero elegí por pura vanidad el poema dedicada al oficio de escribir poemas. Vanidad...

Era el tiempo de terminar esta andanada de poemas. Los asistentes estaban rendidos, así que para concluir elegí un poema brevísimo de José Emilio Pacheco (1939-2014), mi manera secreta de rendirle un homenaje al admirado maestro recién desaparecido. "Alta traición" dejó en el auditorio una identificación plena y, a mí, una íntima tristeza de haber despedido al último gran poeta mexicano de la generación de Islas a la Deriva...

Volví a concentrarme en el auditorio y me dispuse a cosechar lo sembrado en esa hora feliz de la poesía mexicana.