Hormigas

Eliseo Diego

Cae la luz de la tarde de este domingo, y yo cierro el volumen Obra poética, compilación poética del cubano Eliseo Diego (1920-1994). Queda un dulce sabor a nostalgia por un mundo cruzado de referencias históricas y delicadas metáforas, el estilo que Eliseo Diego cultivó con denuedo, con dolor a veces, con alegría muchas más.

Una voz honda y clara que encuentra en la memoria un puente que va de poema en poema, de libro en libro, esa es la voz de Eliseo Diego.

Las cosas que nombra no son, sin embargo, meras evocaciones agradecidas, sino oportunidad de dar sentido a la existencia toda.

Voy a nombrar las cosas, los sonoros altos que ven el festejar del viento, los portales profundos, las mamparas cerradas a la sombra y al silencio.

Tiene su obra la capacidad de revivir el arraigo y la identidad de la primera infancia, con tonos sepias, digamos.

La dos entre la sombra y en la pared el viernes ardiendo inmóvil como vellón purísimo del fuego. (...)

La familiar baranda me rehace las manos y el portal, como un padre, mis días me devuelve.

En el centro, la reordenación de la casa, Arroyo Naranjo, que para Eliseo Diego fue un símbolo de identidad, centro gravitacional que irradia vitalidad y que por extensión define la calidez del entorno. El poeta siente su mundo entero en sustancial compenetración con las cosas.

¡Oh el hervor callado de la luna que sitia las tapias blancas

y el ruido de las aguas que hacia el origen se apresuran!

Versículos que albergan con suficiencia la materialidad de lo real y proyectan sobre ésta toda su fuerza reverente. El conjunto de la obra de Eliseo Diego no sólo ofrece visiones determinadas, sino que nos muestra la dimensión compacta del mundo, invitándonos a entrar en él, antes que recordarlo.

Hace 23 años murió en México el poeta cubano Eliseo Diego. Honor a su obra, lectura de un mundo magnífico.