Hormigas

La edad de las tinieblas

Lo releo con la expectación del primer momento en que lo vi. Un hermoso libro nos brinda el poeta mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014). Se trata de La edad de las tinieblas (Era, 2009), cincuenta poemas en prosa que exploran los recursos de la narrativa, la lírica y el ensayo bajo la forma sucinta de un párrafo. Me encontré con él apenas este enero, y comencé a leerlo mientras esperaba a mi esposa, en la banca de un centro comercial.

Fue precisamente entre el bullicio de la gente que la poesía se apoderó de mi vista. Desde el "Elogio del jabón" hasta "Ámbar", apenas cuatro poemas, pasaron cincuenta minutos. No había lugar más cómodo en la tierra para leer estos breves poemas, cavilaciones que van y vienen, como el mar de la playa a las arenas -como escribiera Miguel Hernández-. La lectura de esas líneas de intensidades me permitió concentrarme, pensar, divagar y volver al punto inicial de los textos, pues a pesar de su corta extensión, poseen la profundidad que proviene de la meditación filosófica, con los rasgos de la coyuntura más actual.

"El objeto más bello y más limpio de este mundo es el jabón oval que sólo huele a sí mismo", dicta en sus primeras líneas. Como acentuando su carácter intimista, la frase en complementa con una lapidaria: "Duele que su destino sea mezclarse con toda la sordidez del planeta".

A veces pienso que la poesía es pura ensoñación de lo que pasa aquí, entre nosotros, todos los días. Ensoñación que recrea los instantes esenciales de un objeto, una palabra, una mirada, un temperamento, para volverlos claros a nuestro despertar. Así nos devuelve la realidad, bajo la forma de la revelación. Ahora mismo, mientras escribo esta entrega, escucho "Miles Runs The Voodoo Down", una grabación de 1969, del maestro Miles Davis. A un lado del escritorio, el libro de José Emilio Pacheco. ¿Qué hace que en este momento, al volver a leer los poemas de La edad de las tinieblas, tenga la certeza de que la poesía está presente, habita mi casa y me renueva?

La poesía es todo lo que tú quieras, y es más. Acomuna los intereses más disímbolos entre personas completamente distintas. Está en todas las circunstancias posibles y se vuelve indispensable una vez que la has tocado, o te ha tocado, debería decir.

Pero la poesía no puede salvarnos del demasiado mal que nos hemos provocado. Así lo piensa el poeta cuando remata el primer texto de su libro: "Contra el crimen universal no puedo hacer nada. Aspiro el aroma a nuevo del jabón. El agua permitirá que se deslice sobre la piel y nos devuelva una inocencia imaginaria".