Hormigas

Un breve cuaderno de poesía

Hacia 2009 me propuse escribir un libro de poesía para ese año. Logré este propósito en forma de cuaderno hasta 2012, luego de un arduo trabajo de escritura que se tradujo en un conjunto de poemas inspirado en el modelo del haikú japonés, del cual soy deudor desde hace más de veinte años, a raíz de la introducción en la literatura oriental de Moisés Ladrón de Guevara y José Juan Tablada, en primer lugar.

Simplicidad. Austeridad. Sencillez. Atributos del poema japonés. Me impuse la tarea de trasladar la escasa habilidad que había logrado en la escritura de poesía al campo de la poesía oriental, específicamente al servicio del haikú y el Senry, que me evitara la referencia estacional del primer género; en español, son muy conocidos los haikú de Bash y de la escuela Danrin de Nishiyama, que otorgaba mayor libertad en los temas, las metáforas, el tono y la composición poética de esta forma ancestral.

Sin embargo, ese fue un ejercicio de contención metafórica, libre de adjetivos y comparaciones, breve por disciplina y voluntad, concentrada, a la manera en que se cultiva la fortaleza de un músculo en específico; para lograrlo, a lo largo de meses recorrí una realidad acotada en el tiempo y el espacio, observé sus cambios y escudriñé los efectos de esos cambios en mi persona. Descubrí el valor de los detalles y la observación microscópica de la realidad circundante.

Al cabo de una profundización en la conciencia de esos efectos externos, que para entonces podían calificarse de estímulos, pude comenzar a ejercitar el haikú.

Con fortuna suficiente, conocí una cofradía de escritores que se ayudan mutuamente para escribir mejor en este género; interactué con ese grupo y aprendí mucho más en este camino de revelaciones y ejercicios infinitos, hasta lograr una selección breve de esta travesía.

Obtuve, al final, un reconocimiento de mis pares en una votación ciega, que me dio el aliento necesario para proponerle a mi amigo y editor Juan Carlos Carmona una breve colección titulada "Instantes de un día cualquiera", editada en 2012 por la Universidad Autónoma del Estado de México.

Las reacciones fueron dispares: hubo quienes lamentaron la brevedad, otros elogiaron la concentración, pero logré el objetivo que me había trazado, al presentar ante un público nuevo esa forma de haikú, alejada de la tentación de metaforizar, no porque sea un defecto (es inevitable), sino porque me permitió probar que la literatura adquiere siempre la intención del autor que la produce, lo cual refrenda su naturaleza libre.

Objetivo cumplido.