Hormigas

Dos años de impunidad

Han pasado dos años del homicidio del poeta Guillermo Fernández García, ocurrido en la ciudad de Toluca, sin que a la fecha haya noticias sobre el avance de las investigaciones. El silencio actual del Ministerio Público encargado del caso hace temer que este delito quedará archivado en los legajos de la impunidad. Si es así, valdría la pena que la autoridad lo informara en bien de la moral pública.

La muerte de un poeta cierra un capítulo de la historia, y un sentimiento de oquedad aparece. Recuérdense los casos recientes de José Emilio Pacheco, Juan Gelman y Leopoldo María Panero, cuando a raíz de sus muertes las expresiones de orfandad se han multiplicado, pero no solo entre sus lectores, que son muchos, sino entre miembros ejemplares de la sociedad.

Así sucedió porque en la obra literaria y en su encarnación que es el poeta residen, en potencia y en la realidad, las posibilidades más avanzadas de nuestra forma de expresarnos... Esto lo saben quienes leen literatura, y sobre todo quienes la escriben: un poeta es, a su modo, un maestro de la palabra.

Guillermo Fernández García nació en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el 2 de octubre de 1932, y murió en la ciudad de Toluca, Estado de México, el 29 de marzo de 2012: las circunstancias, motivos y responsables de su muerte no han sido identificados por la Procuraduría General de Justicia del Estado de México.

Esa incertidumbre y la falta de justicia de este hecho que impactó a la comunidad cultural del país —sin exagerar—, es una afrenta más a la eficacia del sistema de justicia estatal, pero sobre todo es una deshonra a la memoria de un hombre que siempre se brindó entero a su país, nuestro país.

Luego de vivir en Italia y otros países de Europa, Guillermo Fernández regresó a México a traducir y difundir entre nosotros a escritores fundamentales de la literatura italiana. Por esta trayectoria singular recibió la Condecoración de la Orden al Mérito de la República Italiana, en grado de Caballero, que le confirió el Gobierno Nacional de aquel país en 1997.

Fue un poeta reconocido por su obra, formada por Visitaciones (1964 y 1993), La hora y el sitio (1973), Bajo llave (1983) y Exutorio (1998), así como de las antologías El asidero de la zozobra (1983) e Imágenes para una piedad (1991). En 2006, el Fondo de Cultura Económica publicó su antología general 1964-2003, bajo el nombre Exutorio, y en 2011 el Gobierno de Jalisco editó Arca, que reúne su obra completa de 1964 a 2010. Fue Premio Jalisco de Literatura en 1997, que recibió dos años después, y Premio Juan de Mairena 2011, otorgado por la Universidad de Guadalajara. Hasta su muerte, Guillermo Fernández dirigió en Toluca el taller de poesía "Joel Piedra", del que se editaron dos antologías: Camisa de dieciocho varas (1997) y Reino de nadie (2006); asimismo, coordinó la colección "La Canción de la Tierra", de la Subdirección de Publicaciones del Instituto Mexiquense de Cultura.

Hoy hace falta su entusiasmo y su enorme trabajo, constante, silencioso y fundamental en la literatura de nuestro tiempo. Su muerte ha dejado un hueco que la información oficial no puede cubrir todavía. Es un tema pendiente que la autoridad está obligada a cumplir, por obligación constitucional e imperativo moral.