Hormigas

Vigencia de Cri-Crí

En aquella colección de digresiones La vuelta al día en ochenta mundos que Julio Cortázar (1914-1984) regaló a sus lectores hacia 1967, leo la definición del sentimiento-de-no-estar-del-todo: "un temperamento que no ha renunciado a la visión pueril como precio de la visión adulta".

Ya había entendido que este escritor nacido en la embajada de Argentina en Bélgica, gustaba de autodefinirse como un escritor excéntrico, "puesto que entre vivir y escribir nunca admití una clara diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación parcial en mi circunstancia, en cambio no puedo negarla en lo que escribo puesto que precisamente escribo por no estar o por estar a medias"... Ahora comprendo que aquel sentimiento-de-no-estar-del-todo con el que tanto me identifico resume también lo que es y será Francisco Gabilondo Soler, Cri-Crí (1906-1990).

Otros coinciden. La cantante Eugenia León aduce que cuando hablamos de Cri-Crí "estamos hablando de la necesidad de no perder la infancia", es decir, aquel sentimiento-de-no-estar-del-todo que caracteriza la naturaleza infantil en su estado puro, fácilmente detectable en las niñas, en los niños y en algunos adultos, como en Julio Cortázar.

Sucede que una especie de realismo fantástico caracteriza las canciones de este compositor veracruzano, nacido un 6 de octubre, quien vivió quizás la infancia más prolongada de que se tenga noticia: cien años después escuchamos sus canciones no como referencia a un pasado incorruptible y por ello encomiable, sino como la confirmación del presente perpetuo que distingue al ser infantil.

De eso habló Cri-Crí y en sus canciones nos lo expone, de ahí que sea necesario indagar en las composiciones y la vida excéntrica de este cronopio mexicano de honda raigambre universalista.Pero más que eso: es indispensable volver a escucharlo y fomentarlo entre los más pequeños.

Sacudámonos la inercia de pensar que la música de Cri-Crí forma parte de nuestro pasado. ¿Cómo negar que nos sigue gustando la tonada del negrito bailarín de tap, o que continúaconmoviéndonos el célebre caso de la muñeca fea? ¿Quién no piensa en su propia abuela cuando escucha las notas de El ropero?

He ahí un guiño de escepticismo con la realidad más evidente y pragmática que vivimos todos los días. Cri-Crí nos hace ver que aún conservamos aquel excéntrico sentimiento-de-no-estar-del-todo y que por eso no podemos renunciar aún a la yuxtaposición de ser al mismo tiempo la araña y la mosca: una especie dispuesta a salir del baúl de las posibilidades.